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Evangelium Solis, 💙 Opinión

“Yo soy el pan de vida”

Otro Domingo más viene a Gente de Paz el Evangelium Solis de esta semana.

Lectura del santo Evangelio según San Juan:

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

–Maestro, ¿cuándo has venido aquí?

Jesús les contestó:

–Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.

Ellos le preguntaron:

–¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?

Respondió Jesús:

–Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado.

Ellos le replicaron:

–¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo».

Jesús les replicó:

–Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.

Entonces le dijeron:

–Señor, danos siempre de ese pan.

Jesús les contestó:

–Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.

El Evangelio de hoy nos lleva hasta la ciudad de Cafarnaúm, después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús huye de aquellos que quieren hacerle rey evitando un mesianismo político. Todo es, no obstante, un marco bien adecuado para un gran discurso, una penetrante catequesis sobre el pan de vida, en la que confluirán elementos sapienciales y eucarísticos. Este Evangelio es de tal densidad teológica, que se necesita ir paso a paso para poder asumirlo con sentido. Jesús no quiere que le busquen como a un simple hombre de milagros. Jesús hacía aquellos signos, los cuales mostraban un alimento de la vida de orden sobrenatural. Si os fijais, en el relato se muestra como consideraban grande a Moisés, porque les dio a los israelitas en el desierto pan. Jesús quiere ir más allá, y aclara que no fue Moisés, sino Dios, que es quien tiene cuidado de nuestra vida.

Aunque el pan que sustenta nuestra vida es necesario, hay otro pan, otro alimento, que se hace eterno para nosotros. Jesús es el verdadero pan de vida que Dios nos ha dado para dar sentido a nuestra existencia. El pan de vida desciende del cielo, viene de Dios, alimenta una dimensión germinal de la vida que nunca se puede descuidar. La revelación de Jesús: “yo soy” es para escuchar a Jesús y creer en El, ya que ello, en oposición a la Ley, nos trae el sentido de la vida eterna.

No estamos ante un fragmento que destaque estéticamente o literariamente. Ya vimos el domingo pasado que el relato de la multiplicación de los panes era la “excusa” de Juan para este discurso de hoy que llevará a una de las crisis en el entorno del mismo Jesús. Estamos, sin duda, ante un discurso que todavía es “sapiencial” para acabar siendo “eucarístico” a todos los efectos. En este fragmento se nos está hablando del “pan de la verdad”, que es la palabra de Jesús en oposición a la Ley como fuente de verdad y de vida para los judíos. Antes, pues, de pasar a hablarnos del pan de la vida, se nos están introduciendo en todo ello, por medio del signo y la significación del maná, del pan de la verdad. Y el pan de la verdad nos ha venido, de parte de Dios, por medio de Jesús que nos ha revelado la fuente y el misterio de Dios, del misterio de la vida.

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