Sevilla arde contra el cartel de Navidad de Manuel Peña

Les hablaba de testículos hace apenas unas horas. Pues testículos en la cabeza es lo que hay que tener para pintar la osadía que propicia esta reflexión. Les hablo del cartel de la Asociación de Belenistas de Sevilla, que fue presentado este sábado en el Círculo Mercantil e Industrial y que ha levantado una airada polémica en la sociedad sevillana, con comentarios muy, pero que muy gruesos, de muchos sevillanos enardecidos por haberse sentido heridos al contemplarlo. Un esperpento que es, según su ejecutor, Manuel Peña, la imagen de la Navidad de la ciudad de Sevilla.

Un cartel que pasará la historia, no lo duden, pero por ser inapropiado de principio a fin. Un ángel con una cara provocativa que con la mano “se” toca una Giralda ubicada en la zona genital – no me hagan hablar de esa Giralda – y que remata en una flor en pleno apogeo. – Dan ganas de preguntarse, permítanme la licencia, qué estaría en apogeo en el momento que se pintaba este cartel -. Patético, horrendo, obsceno, inapropiado son algunas de las reacciones que se han escuchado en la ciudad de la mancillada Giralda tras la visión de la obra, si bien es cierto que otros, los de siempre, han aplaudido el «ejercicio de modernidad». Para colmo el autor pretende hacer creer que la inspiración la ha tomado del mismísimo Murillo, vivir para ver – o para escuchar -. Yo, como cristiano, me siento ofendido.

Desconozco si el autor ha pretendido hacer, como hay quien apunta, una especie de «crítica social» hacia la «homofobia que nos rodea» y que, dicho sea de paso, merece todas las condenas del mundo, pero pienso, humildemente, que no ha elegido adecuadamente ni momento ni lugar en la que hacerla, puesto que este cartel es universal, destinado a toda la sociedad sevillana, desde abuelos de 90 años hasta niños, sevillanos todos, muchos de los cuales se sentirán, que al igual que yo, infinitamente ofendidos.

Si me dicen que el cartel está destinado a una fiesta de carácter erótico o la Fiesta del Orgullo Gay, me lo hubiese creído perfectamente y, de hecho, lo vería mucho más adecuado que para anunciar la Navidad, ¿qué quieren que les diga?. Si es eso lo que pretendía el autor, les digo alto y claro, que la Navidad no puede ser utilizada para reivindicar cuestiones de determinada índole, salvo que en lugar de anunciar las fiestas del nacimiento del Hijo de Dios, a alguno se le haya ido la cabeza con el onanismo… mental.

Es cierto que técnicamente no tiene nada que reprochar, pero en simbología es de lo peor que he visto, cayendo en el pozo de la obscenidad. Pienso, porque aquí no se trata de nada más que de reflejar mi opinión, ni más ni menos, que los carteles, ya sean de Navidad, Semana Santa, Primavera o cualquiera que sea la temática, deben de reflejar lo que se vive en esa época del año y este para mí, y para cualquiera que no se deje llevar por el amiguismo, -que casi siempre se convierte en el mayor de los fanatismos -, no lo refleja en absoluto.

Por mucho que en la descripción se quiera poner o disimular. A todas las personas que nos gusta el arte en sus diferentes vertientes artísticas, podemos observar miles de expresiones causadas por los distintos artistas, pero siempre adecuando lo que quieren representar con la imagen en la festividad y no como lo que ha perpetrado este señor. Una obra inapropiada, fuera de contexto y que mancha los más bellos recuerdos de nuestra infancia y de las de los pequeños que a día de hoy la viven, con una composición que de ser casual es muy torpe y de no serla muy censurable, quiero decir criticable, no se me revuelvan.

Hace un tiempo leí, no sé muy bien de quién, una cita que creo que es perfecta para el caso que nos ocupa: “En la belleza se encuentra la luz, mientras que, en la oscuridad se encuentra la osadía y lo obsceno, durmiendo en la misma cama”.

He dicho.