2020, el año que se rompió en marzo y que ya es historia

Durante el mes de enero los cultos se celebraron con normalidad. En diciembre llegaban las noticias a las redacciones sobre la Covid-19. Pero aquí en España todavía permanecíamos ajenos a lo que podía suceder. En enero se celebraba la función al Gran Poder con la vista puesta en su visita a tres de los barrios más desfavorecidos de la ciudad. El Señor de Pasión presidía la novena en su honor y en San Vicente las imágenes volvían a dejarnos uno de los altares de culto más esperados por los cofrades. El Vía Crucis con el Señor de la Buena Muerte, de la Hiniesta, nos reconciliaba con la memoria en una señal inequívoca de que pronto viviríamos una Semana Santa. Con bullas, retrasos en Campana y con el Martes Santo y las entradas tardías de las cofradías del Miércoles en el horizonte de cada debate.

En febrero iban incrementándose los cultos a los sagrados titulares. Se preguntaban algunos si la Estrella saldría con el palio de Rodríguez Ojeda que perteneció a la Macarena desde San Jacinto, que había vuelto a abrir sus puertas a las hermandades como recordaban los mayores. Imaginábamos la extraordinaria de la Lanzada y la exposición por el cuarto centenario de la hechura del Gran Poder colgó el cartel de lleno en la Fundación Cajasol. Una muestra donde descubrimos más detalles sobre el Señor de Sevilla. Y las informaciones sobre el coronavirus iban lentamente apareciendo en televisión. Prácticamente ningún medio obviaba el cariz que tomaba un asunto que pronto acabaría afectando a todo el mundo.

El 25 de febrero se daba a conocer que el Gobierno activaría un plan de protocolo por el coronavirus para zonas de afluencia masiva. Y ya en el mes de marzo las hermandades iban tomando conciencia de la nueva situación. En Granada el Rescate optaba por suprimir los besos al Señor animando a sustituir estos por oraciones. Un día más tarde eran las malagueñas cofradías del Rocío y la Santa Cruz las que suspendían los besapiés a sus respectivos titulares cristíferos. Por su parte, la diócesis de Jaén daba a conocer sus recomendaciones frente al coronavirus. Ese mismo día la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería suspendía todos los besamanos y besapiés.

Se cernía sobre España una sombra que avanzaba y que había provocado en algunas ciudades las suspensiones de actos. El 10 de marzo el alcalde de Sevilla manifestaba que en la ciudad no peligraba la Semana Santa y Moreno afirmaba no ver razones para suspender nuestra celebración más universal. En Jaén se suspendía el besapié de El Abuelo, acto destacado dentro de la cuaresma de la ciudad del Santo Rostro. El 11 de marzo eran los ensayos de bandas y costaleros los que se veían afectados.

«Experto estima el pico del coronavirus en España para principios de abril, coincidiendo con la Semana Santa» era el titular de una alarmante información que auguraba la problemática de que finalmente los capirotes recorrieran las calles. Por si fuera poco la OMS calificaba el brote del coronavirus como pandemia. La exposición de la Paz y Esperanza se suspendía y la televisión ofrecía con asiduidad las novedades sobre la Covid-19.

El día 11 también se suspendían las primeras procesiones. Era el caso de la del Nazareno de Valladolid. Un día más tarde lo hacía Afligidos de Cádiz. Alicante y Ceuta se quedaban sin desfiles procesionales. El 13 era la Conferencia Episcopal la que emitía un documento donde manifestaba que las procesiones debían suprimirse. Un día más tarde se suspendían los desfiles procesionales en Sevilla y después vendrían Granada y un largo etcétera. El Gobierno, reunido en Consejo de Ministros extraordinario presidido por el presidente, Pedro Sánchez, aprobaba declarar el estado de alarma en todo el territorio nacional. La novena de la Virgen de Araceli se celebraba y era retransmitida a través de internet. Impensable semanas antes se acabaría convirtiendo en habitual que los cultos encontrasen en las nuevas tecnologías el camino para llegar a un país confinado. El término veneración también sería cotidiano. Lo encontrábamos cerca de San Lorenzo. La Virgen del Mayor Dolor y Traspaso fue expuesta ante los fieles. El resto ya lo conocen.