Selfies con el hábito nazareno haciendo “morritos” y otras faltas de respeto

Nadie discutirá llegados este momento, que el avance de los tiempos ha hecho avanzar muy por delante las modas en detrimento de la conciencia y el sentido común. En el mundo cofrade la cosa lamentablemente no se queda atrás. 

Hay momentos en los que un servidor observa algunas composturas, que le han hecho pensar que no será ningún político de pacotilla o algún ateo de los que reparten respeto por doquier, pero alzando la bandera del anticristianismo atacan todo lo que huele a incienso, los que terminen mermando el halo de emoción, respeto, sentimiento y creencias en Jesús en la semana que muchos vivimos desde una postura que hace muchos años era la normal. Sólo hay que salir a la calle para ver actitudes, atuendos y conversaciones que ya no sólo sobran ante el paso de una Cofradía y celebrando la pasión, muerte y resurrección, sino que escandalizan a cualquier persona con un mínimo de decoro.

Una de las modas que confirman mi sospecha en cuanto al valor y sentido que por una parte del mundo cofrade –vamos a meterlos en el saco por portar una medalla al cuello de alguna hermandad y no precisamente por méritos para merecer esa consideración- se le viene dando al hecho de participar en alguna faceta de los cortejos procesionales. Una de las últimas modas es la de hacerse selfies antes de salir de casa con el hábito nazareno con esos famosos “morritos” que algún o alguna satélite pusieron por moda, y que en algunos casos se alternan con algunas de las animaciones que por ejemplo Instagram pone a disposición de los usuarios.

También los hay quienes en lugar de morritos sacan la lengua tirando por los sueles el sentido de vestir la túnica. Esta denuncia puede resultar “carca”, “anticuada”, “aburrida”, colocarle el adjetivo que guste, pero este tipo de actitudes –que se suman a las de besarse con nazarenos, sentarse con el cirio en la terraza de un bar, etc- produce un pánico terrible en los que, como yo, observamos un camino sin tregua a la conversión de nuestra Semana Santa y su sentido cristiano en una semana de pre-feria, en donde las túnicas se llamarán disfraces y los pasos carrozas.