Suspira el querubín, retornando de cielos que se confunden con el océano y la plata, tras escuchar rumores de quejas de quienes vienen a formar parte de una celebración casi eterna y dicen sentirse engañados. Suspira porque sabe que otros ya saben que el orden fijado obedece al capricho y no a compromisos de terceros. Suspira expectante porque los que traen rumor de olas cerrarán la fiesta mirando con un ojo el reloj y con otro la calculadora.
Suspira el ángel pendiente de quienes dicen que buscan cambios tras un palio inmaculado. Suspira porque en tierras muy marianas hay quien empieza a tener la mosca detrás de la oreja, recordando el refrán de las barbas y el vecino. Suspira dubitativo, porque hay rumores que jamás se concretan aunque tengan respaldo, porque una cosa es la intención y el deseo y otra la conversión de los sueños de quienes ni pueden ni saben lo que quieren.
Suspira el serafín por quienes de tanto idolatrar a quienes llevan corbata olvidan que el grupo no pertenece a quien llama y que quienes su sudor ofrendan no lo hacen por ser hombres de nadie salvo de quienes de verdad importan. Suspira porque algunos han dejado de ver el bosque de tanto adorar a las ramas y buscar migajas alimentando el ego y la soberbia de quienes piensan que son más importantes que quienes están en el altar.





