Una comparsa sevillana «se caga en Dios» en reiteradas ocasiones en las tablas del Falla

Ocurre de cuando en cuando. Cuando una agrupación es plenamente consciente de sus limitaciones y de que carece de la calidad necesaria para competir en base a su categoría musical y literaria en un concurso tan exigente como el del Carnaval de Cádiz se suele tirar del insulto vacuo, sucio, zafio y rancio para compensar las carencias derivadas de su propia incompetencia, para lograr ese minuto de gloria que siempre proporciona el escándalo gratuito. 

Existen ejemplos de ello prácticamente cada año, repasen las hemerotecas. En 2019 ya ha ocurrido una vez y no descarten que vuelva a suceder. Ha sido una comparsa sevillana, de Alcalá de Guadaira para más señas, que lleva por nombre las Cachivache. Una agrupación con letra de Jaime Jesús Cruz y Antonio Medina y música de David Castro, bajo la dirección de Clara Rojas Trejo, y que ya el año pasado protagonizaron un pasodoble que hizo viral, en el que se «defendía» de manera facilona a las víctimas de la abominable y tristemente famosa «Manada», tirando de tópico y buscando el aplauso incondicional de quienes se ven satisfechos con la crítica efectista y vacía de contenido que en ocasiones perpetran algunas formaciones en las tablas del Falla, sin que generalmente tengan mayor recorrido que la viralización estéril por redes sociales.

Este año, la agrupación, de la que no recordarán ni una sola letra más que la mencionada, ha vuelto a recurrir a algo similar, si bien el objeto del truco de mago barato ha sido atacar el sentimiento de miles de andaluces, también gaditanos o alcalareños, que se han visto insultados su sentimiento y sus creencias de manera gratuita, para conseguir la fama momentanea que se disipa como un azucarillo a medida que el concurso se va llenando de la calidad que siempre atesora.

Uno de los pasodobles de su intervención en el «Templo de los ladrillos coloraos» sirvió básicamente para cagarse en Dios en varias ocasiones y defecar, de paso, sobre la labor que la Iglesia Católica lleva desarrollando durante siglos en beneficio de la humanidad, amparándose en el truco recurrente y manido de utilizar las miserias de unos pocos para reducir a la nada la grandeza de una institución que lleva más de 20 siglos reportando un beneficio incuestionable a la sociedad.

Con la excusa barata de denunciar “leyes mordazas y otras trabas a la libertad de expresión», el segundo pasodoble es un incalificable alegato en defensa del ínclito Willy Toledo, con el que la comparsa empatiza reiterando el improperio con el que el presunto actor se ha hecho mucho más famoso que por du trabajo (también presunto) en varias ocasiones, aprovechando la coyuntura para denunciar «los desmanes de la iglesia católica» y las «injusticias provocadas por ese ser supremo». Curiosa forma de ser ateo, culpar de los males del mundo a Dios, dicho sea de paso. 

El año, el recurso facilón sirvió para llegar a Cuartos. El límite entre la calidad y los fuegos de artificio. Veremos hasta donde da este año el insulto y el ataque indiscriminado al sentimiento de miles de andaluces, y si alguien por fin pone coto a semejante muestras de odio en un concurso de siempre fue ejemplo de denuncia, ironía y libertad, pero siempre desde el respeto.