La presencia del ejército en la Semana Santa de toda España es una constante que forma parte de la tradición más enraizada de numerosos puntos de la geografía nacional. Una presencia que cada año levanta ampollas entre los sectores más radicales de la izquierda española que bullen ante la presencia de militares, a los que buena parte de ellos desprecian, en manifestaciones que les provoca un infinito rechazo.
El pasado mes de junio, el por entonces recién estrenado Gobierno socialista, en boca de la ministra de Defensa, Margarita Robles, sembró dudas al respecto, abriendo una caja de Pandora de proporciones difícilmente evaluables en diversas localidades del Estado, poniendo en duda la presencia futura de la Legión en las procesiones de Semana Santa. Fue en los micrófonos de Radio Nacional de España, en unas manifestaciones en las que subrayaba que “se tiene que estudiar aquello que forma parte del acervo cultural español, que habría que proteger, de lo que es una mera manifestación religiosa.”
Así mismo dejaba entrever que la próxima Semana Santa las banderas de los cuarteles no se situarán a media asta, a acuerdo con una tradición acerca de la que Robles ha afirmado que “no se pueden confundir cuestiones de índole privada con la exhibición de una manifestación religiosa en las instituciones” ya que “no tiene cabida en nuestro marco constitucional”. Unas declaraciones que, con las elecciones a la vuelta de la esquina, han caído como tantas otras en saco roto. Y es que la Hermandad de la Caridad ha confirmado, a través de sus medios de comunicación que la próxima Semana Santa, que se adivina en el horizonte inmediato, volverá a contar con una presencia que a lo largo de las décadas se ha convertido en una seña de identidad para la corporación de San Francisco, sin la cual perdería parte de su seña de identidad. La próxima Luna de Nisan, la Legión volverá a Córdoba.





