Felipe Herreros ha culminado su última obra, un óleo sobre lienzo que tiene como destino una colección particular de la localidad de Cantillana. Se representa la imagen de la Divina Pastora, en una escena bucólica y pastoril, próxima a la visión de fray Isidoro de Sevilla.
Envuelta en una atmósfera de tonalidades del siglo XVII e interpretando elementos de la obra de Murillo, la santísima Virgen se representa de modo realista y mimético, según palabras del autor. Alrededor de ella se encuentran almas que ofrecen rosas a sus plantas.
En la composición se observan unos angelitos que portan un cesto de azucenas, símbolo de la pureza de María y varias alegorías relativas a la letanía pastoreña, perceptibles en el fondo del paisaje donde también se observa al Buen Pastor junto al rebaño y a San Miguel Arcángel frente a la representación del mal.






