Cruz de guía | Emoción y bulla

El cielo no se pudo cargar un acontecimiento sin precedentes en la historia de la Semana Santa granadina. 22 pasos en la calle y la emoción a flor de piel para un día que apuntaba a gris marengo, pero que se tornó azul celeste y un sol de justicia que ilumino de arco a arco la esbelta y renacentista fachada de la Catedral de Granada.

En pleno centro de Granada y con un recorrido oficial desmesurado, las 22 imágenes fueron manando del interior de la seo, sin prisas pero sin pausas, al son de las cinco bandas de música que acompañaron a los pasos de palio y que pusieron el punto musical a las primeras horas de la tarde. Un cortejo infinito de misterios y palios abrieron las páginas de un centro masificado y dividido en dos regiones casi impermeables.

Una organización lejos de bordar el éxito fue la que nos encontramos los foráneos en el mismísimo instante que la primera cruz de guía se puso en la calle, quizá por el tumultuoso ambiente que sorprendió a propios y extraños. Fue realmente imposible sobrepasar la línea que delimitaba un recorrido oficial excesivamente largo, lo que hacía muy complicado el desplazamiento hacia sendas regiones.

Pero esto no empañó la espectacular puesta a punto de las hermandades y la cualitativa imaginería cofrade que posee la capital nazarí, pese a quien le pese. Desde la solemnidad y serenidad del Cristo de la Paciencia de Pablo de Rojas hasta la dulzura del Señor en la Entrada Triunfal de Eduardo Espinosa Cuadros, pasando por la tristeza del sentenciado de José de Mora y la ternura de la Virgen de la Esperanza de José Risueño. Un jalón de arte, fruto de la escuela que vio a nacer a figuras como Pedro de Mena o Alonso Cano. Un suspiro al aire a las faldas de ciudad palatina que fue testigo del principal acontecimiento del año cofrade.

No me olvido, tampoco, de la música. Aunque llegara tarde, en mi opinión, demasiado tarde, las formaciones musicales se dejaron oír de manera excepcional tras haber salvado el correcalles que supuso la última fase de la carrera oficial, con mezcla musical incluida, al más puro estilo David Guetta, que en el mejor de los casos dejó imágenes para la historia de binomios nunca antes escuchados.

Inolvidables son aquellos que protagonizaron la Cofradía de la Borriquilla con la Centuria Macarena, sones clásicos procedentes del barrio del Arco escogidos cuidadosamente para momentos tales como la subida de la calle San Matías al son de marchas como «Llora Sor Ángela» o «Híspalis». El protagonizado por la Hermandad del Huerto y Coronación de Espinas no dejó insatisfecho a nadie, más aún si cabe cuando hicieron hincapié en el puro estilo cigarrero que les caracteriza radicado en marchas del calibre de «Pasión, Muerte y Resurrección» o «Sagrada Eucaristía». Los clásicos ya presenciados como son los figurados por la Hermandad de los Favores y Pasión de Linares, que en un suspiro al cielo rozó los labios del Creador con marchas memorables como «Volver a la vida» o «Luni Arae», o el protagonizado por Sentencia y Elevación de Campo de Criptana, que nos dejaron un andar elegante al más puro estilo trianero que enmarcan marchas como «La Pasión» o el reciente estreno «Y se hizo el silencio».

Sones reconocidos como el de Tres Caídas de Triana se dejaron escuchar por el Zaidín en una vuelta multitudinaria de la Hermandad de la Sagrada Lanzada, pocas veces antes vista los Martes Santos, así como los del particular acento gitano que trae la Banda del Señor de la Salud de Sevilla tras el paso de la Resurrección.

La dulzura de los palios también se dejó contemplar alumbrada por el llanto de la cera en una noche que casi se tornó de primavera al son de formaciones como la de San Isidro de Armilla o Las Golondrinas de Vélez Málaga. Bandas locales y repertorios apuntalados en la tierra de la Alhambra derramaron su pureza en cornetas de brillosa piel, engarzadas en las filas de la Banda que rinde pleitesía al Señor Despojado. Largas trompetas y sonidos del Albaicín para el Señor de Pasión y la exquisita melodía del Dulce Nombre retumbaron en los albores de los barrios más antiguos de la ciudad.

Un sinfín de sonidos para una noche diferente que de buen seguro acabo como cada Miércoles Santo finaliza la jornada. A los pies del Sacromonte con la Alhambra, la bulla y la emoción como testigo.