El viejo costal | Adviento

Finaliza el año litúrgico con la celebración de Cristo Rey, y se inicia en este domingo, primero de Adviento, podemos decir que, repetimos un año más, en la esperanza de la segunda venida de Cristo, y que estamos próximos a la Cuaresma, lo que claramente señala que nos vamos acercando a nuestro tiempo, ese tiempo de cofrades.

Ahora los cofrades han de prepararse para la cercana venida de Nuestro Señor Jesucristo, lo que me hace meditar sobre la importancia de este tiempo de inicio de nuestro año litúrgico, su nacimiento, ahora ya tenemos consumida la primera vela de la corona de Adviento, ahora solo nos falta que entendamos la importancia de la Navidad, la llegada anunciada por estas semanas previas, Aviento proviene del latín de la palabra “adventus”, que significa “venida”, y es ahí donde nos perdemos muchos.

La venida de nuestro Señor la recubrimos de un falso paño de fiestas socialmente aceptadas, de comidas de empresa, de cenas familiares. Quizás demasiadas bebidas y comidas para una sencilla fiesta de la llegada de nuestro salvador, y que permanece olvidado detrás de una agenda repleta de citas y compromisos sociales, muy lejanos de la sencillez del pesebre, y muy distante del portal de Belén.

Pero el hombre lo que sabe hacer bien, muy bien es olvidarse de las cosas importantes, yo lo hago con la misma facilidad con la que soy capaz de pecar, eso lo hago con bastante facilidad, olvidar y pecar, cosas de mi condición humana.

Entiendo por lo tanto a muchas personas que me rodean, que están preparando estás fiestas, lo veo casi todos los días, en los supermercados, en las tiendas de mi barrio, en los comentarios de los amigos y vecinos, estamos preparando una gran fiesta, pero, nos estamos olvidando la auténtica causa de esta fiesta.

Si de verdad entendiésemos la causa, en la noche de Navidad, las iglesias estarían llenas, no como en la actualidad, que hasta la misa del gallo, se ha transformando en la misa de la tarde o de la mañana del día de Navidad, la verdad, mucho más cómoda, pero más lejana a la importancia de la causa de nuestra celebración.

Tenemos tres semanas para pensar en cómo mejorar nuestra fiesta, no me refiero a la exterior, a las de las cenas, comidas y bebidas con los compañeros y familiares, me refiero a la de nuestro corazón a la de nuestra alma, en meditar que la causa no es el final del año, que la auténtica causa de nuestra alegría ha de ser necesariamente la certeza de la esperanza de la vuelta de Nuestro Señor Jesucristo, del nacimiento de ese mismo Cristo que bajo una de sus advocaciones tenemos en tanta estima cuando pasado el tiempo ordinario y en la cuaresma acompañaremos en nuestra estación de penitencia, lamentando su pasión y muerte, y alegrándonos por la certeza de su cierta resurrección, ese mismo es el que dentro de unos días, llegará a nuestros hogares, a nuestros corazones, a nuestra alma, y vuelto a nacer nos vuelve a dar una nueva oportunidad para ver si entendemos la importancia de su regreso anual.

Tres semanas tenemos para meditar y opinar en autentico examen de conciencia, si es verdad que entendemos la causa de nuestra fiesta, y la importancia de este tiempo que el pasado Domingo, primero de Adviento, empezó.