Allá por el mes de octubre, con mi Hermandad, participé en la eucaristía de la Peregrinación Extraordinaria. Llegaba cansada. Un poco rara. Tú no estabas. Muchas fueron las conversaciones y pensamientos sobre como sería ese momento. Nada comparable con la verdad.
Ese momento fue raro, ¡no lo voy a negar!, sería mentir. Sin embargo, todo se volvió magia. Cómo siempre en casa. Esa mirada del amigo o cuando tu hija te coge la mano. Ver a tu familia como siempre a tu alrededor. Decían que no estabas…
Decían que no estabas… Y yo te vi en las miradas inocentes de los niños. Te vi en los besos entre amigos. Te vi en la plegaria del coro. Te vi en las palabras del sacerdote. Te vi, como siempre se te ve… con el corazón.
Hoy dicen que vuelves en unos días, después de tres meses, pero es que nunca te has ido, Rocío, Madre.





