Dejadas atrás las fiestas navideñas, la sociedad cofrade nada ahora en el delgado intervalo que hace de presagio a lo que ha de venir. Una ligera e insignificante espera que en los últimos años se ha reducido considerablemente con la aparición de los tempraneros carteles que anuncian la Semana de Pasión. Como si de un suspiro se tratara, la extensa demora se hace más liviana cuando se desvelan las obras pictóricas o fotográficas que actúan como preludio de la Semana Mayor casi tres meses antes de que el primer nazareno ronde las calles de nuestras ciudades.
¿La carrera? La competición por ser el primero en presentar la obra anunciadora supone la consolidación de la pretensión por promocionar la Semana Santa en escaparates de renombre tales como FITUR en el que siguen cobrando más importancia las capitales de provincia. Tanto es así, que mañana una de las ciudades con más tradición semanasantera desvelará su obra depositada en las manos de Ángel Sarmiento, que con tan solo 25 años hará historia en las tablas del remozado Teatro Albéniz. Asimismo, la rapidez jiennense que preconiza el carácter sanantoniano de la gente de Jabalcuz vuelve a ser noticia con la presentación del cartel que encumbrará a los cielos del Santo Reino a Pedro López Marcos el próximo viernes. La contrarreloj creada para concebir una imagen representativa y valedora que busque arrancar del pecho el deseo más profundo del carácter jiennense nos traslada a una época en la que los polvorones todavía masajean nuestro paladar.
¿Y el material? Obras depositadas en las manos de artistas rompedores que tienen por objetivo atraer al espectador y crear tendencias con modelos vanguardistas, en algunos casos hasta rozar el mal gusto. Aún así, ante el auge de las obras pictóricas, la fotografía continúa siendo un referente en el difícil arte de cultivar los sentimientos evocadores y el anhelo de una semana. El disparo de la retina frente a un nazareno orante o el desenfoque del mástil de una bandera con el marco incomparable de la candelería de un paso de palio totalmente encendida, no sólo mantienen el espíritu que evoca la quintaesencia de la belleza profunda.
¿El olvido como amenaza? Muchas son las vicisitudes por las que tiene que pasar un cartel. Desde los cribados oficiales de los críticos de arte hasta el sanedrín instaurado en las redes sociales por el sumo sacerdote cibernauta pueden desentrañar el destino de una obra. Olimpo, destierro o mofa. Alguna de las tres pueden defenestrar el más que delicado arte de la plasmación en una época en el que la opinión se ha multiplicado por mil. Pero, realmente, el elemento común a los tres vocablos anteriores que actúa como parásito es el olvido.
En estos últimos años, el denominador común que ha desgastado a las obras presentadas viene alimentado por la precocidad de las presentaciones de los carteles en fechas muy prematuras con respecto a la llegada de la Cuaresma. Tanto es así, que cuando llega la Semana Santa y se descuentan los días para el Domingo de Ramos, nadie hace acopio de un cartel anunciador, sumido ya en el ostracismo, fenómeno que termina por denotar que la obra transciende su objetivo hacia un propósito mayor que es el de encumbrar la pinacoteca de la Semana Santa.





