El imaginero sevillano Manuel Martín Nieto, acaba de presentar su última obra, después de más de dos años de ejecución, intercalando su ejecución con otras obras. Se trata de Jesucristo muerto en la cruz, con la advocación del “Amor”. Su destino es la basílica de Holly Hill en el estado de Wisconsin, Estados Unidos, para los carmelitas descalzos. Allí estará entronizado una vez pasado el mes de septiembre, más bien octubre.
A mediados de septiembre esta obra será trasladada a la Iglesia del Santo Ángel en Sevilla, donde estará expuesta al menos durante quince días para todo aquel que quiera acercarse a contemplarla. En el comunicado emitido al efecto, Martín Nieto ha querido dar las gracias al Padre Celedonio y al prior de Holly Hill por su máxima confianza en él así como al Padre Juan Dobado por acogerla en el próximo mes de septiembre en el Santo Ángel.
Esta nueva escultura sagrada tiene un tamaño natural, concretamente un metro 85 cm. Está tallada íntegramente en madera de cedro real, incluyendo también la cruz y el INRI en cedro. Jesucristo aparece muerto en la cruz, con el costado abierto tras la lanzada, transmitiendo una expresión mortecina pero a la vez con mucha dulzura, reflejando ese amor infinito por la humanidad.
Está clavado a la cruz por cuatro clavos: uno en cada muñeca izquierda y derecha, y otro en cada pie. La postura de los pies es más original, ya que no se montan uno encima del otro; podemos observar cómo ambos pies descansan en el supedanio.
La anatomía, junto con la expresión y el sudario, sigue un corte clásico a la vez suave y naturalista, sin llegar a ser hiperrealista. El autor ha dedicado muchas horas de estudio a la anatomía del Señor para lograr esa naturalidad y, al mismo tiempo, la unción en su expresión, mostrando que está muerto pero sin perder la unción que solo puede tener el Hijo de Dios.
El sudario en esta ocasión presenta pliegues más amplios que en otras ocasiones, y en los filos del propio sudario se aprecian los hilos del tejido sueltos, lo que requiere ampliar para ver estos pequeños detalles. La corona de espinas también está tallada en madera de cedro, íntegramente en un bloque de madera con espinas naturales.
Por último, las policromías son esenciales en todas sus obras, pero en un crucificado requieren un estudio minucioso y muchas horas para reflejar toda la pasión y maltrato recibido en el suplicio de nuestro Señor Jesucristo. Martín Nieto siempre coloca estos detalles al servicio del Señor, sin que sean protagonistas. Las policromías están realizadas íntegramente al óleo, desde el propio estuco, mediante veladuras y transparencias, y terminadas con una leve pátina super suave, ya que la propia policromía tiene todos los matices necesarios.












































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