La devoción no conoce de límites. No los hay en lo espiritual, en lo interior y, en ocasiones, ni siquiera en lo exterior aunque no se presuma de ello. No se trata de expresarlo a los demás, sino de demostrar el amor a la vida, desde la base de la creencia más profunda en Dios y en su Santísima Madre.
Que la devoción a la Virgen del Rocío es tan o más universal como las de la Macarena o el Gran Poder es algo fuera de toda duda y alcanza los niveles más insospechados, incluido el mundo del deporte, como es el caso de Carolina Marín con la Blanca Paloma.
Y de un deporte de raqueta, esa devoción por la Reina de Almonte también está incrustada en el corazón del mejor tenista del mundo actualidad. Es que aunque solo haya podido conseguir la medalla de plata, nada más y nada menos que en los Juegos Olímpicos de París, Carlos Alcaraz gana títulos al mismo ritmo que conquista corazones con su alegría y el de su familia es cautivo de la Blanca Paloma.
Como ha desvelado la Hermandad del Rocío de Murcia “el abuelo de Carlos Alcaraz, Manuel Román, fue quien plantó la semilla rociera en Murcia, siendo uno de los fundadores de la Hermandad del Rocío de Murcia”
A ello ha añadido que se trata de “una tradición que siguió la madre del tenista. Por todo esto, aunque sea sólo por sus orígenes, Carlos siempre estará presente en la aldea de El Rocío con la Hermandad de Murcia”.





