Es Viernes de Dolores y el azahar impregna a la ciudad; el aroma ha vuelto; los vía crucis son la antesala de los días grandes; la geografía urbana ha cambiado; todo es víspera y expectativa; los versos le salen a cualquiera por los costados del alma, inquieta, que se abre a la primavera, a la Pasión, Muerte y Resurrección.
Podríamos quedarnos ahí, en la versatilidad del incienso que se da a las cofradías hasta cuando no merecen sino carbón. Pero no va a ser el caso. Nada de eso. La Semana Santa ya ha empezado, porque -nos guste o no- las Vísperas son parte de ella, el prólogo de esta novela. Y la Pascua, también, porque en ese tiempo no solo resucita el Señor, sino toda la rumorología sobre los cambios en los martillos y de trompetas, cornetas y tambores.
Y, como todo se adelanta en esta etapa de la historia, la salida de varios capataces de algunos pasos de Córdoba está en la calle. Y no se trata de uno ni de dos. Son varios los candidatos a salir, por propia voluntad o con los pies por delante. Tal es la situación, que a uno de los afectados lo sitúan fuera de tres pasos y a otro, que saldrá el Domingo de Ramos, aseguran fuentes de la hermandad que aun permanece porque fue elegido tras cinco negativas.
Hasta siete capataces serán sometidos a examen esta Semana Santa, aunque alguno ya tiene la suerte echada y da igual que llueva y no pueda demostrar ni eso ni lo contrario. De todos modos, que nadie ponga el grito en el cielo porque hay sobrados ejemplos de capataces que fueron cesados sin que la hermandad de turno hiciera estación de penitencia ese año.
Y es que, en definitiva, esto es como ir a un examen donde sabes la nota que te van a poner estudies más o estudies menos. Aquí, si te han señalado, estás perdido. Y, si tienes amigos en la junta adecuada, aunque seas más malo que un dolor de muelas, tocas más martillo que un mediocentro en un equipo de Guardiola.





