La Hermandad del Rocío de Sevilla ha dado un paso significativo en la preparación de su tradicional Quinario, que se celebra del martes 20 al domingo 25 de mayo, con la entronización de la Virgen del Rocío del Salvador. La imagen preside ya el altar especialmente dispuesto para esta solemne celebración, que congrega a numerosos fieles y devotos.
La Virgen se encuentra entronizada en la tumbilla de la Hermandad de los Sastres, una referencia cargada de simbolismo y profunda memoria histórica. Este elemento evoca directamente aquella primera carreta, conocida como la tumbilla de Las Aguas, con la que el Simpecado de la Hermandad emprendió su peregrinación allá por el año 1951.

Un viaje forjado con fe, sacrificio y esperanza
La historia de la Hermandad del Rocío del Salvador es un auténtico testimonio de perseverancia y entrega. Aunque su fundación data de 1934, la hermandad tuvo que esperar más de una década para hacer realidad su anhelo de participar en la romería almonteña debido a las difíciles circunstancias sociales y eclesiásticas de la época. Fue en 1950, con la llegada de una nueva junta de gobierno, cuando se logró finalmente la autorización para peregrinar al Rocío, gracias a la bendición del párroco D. Andrés Guillén Morales y el decidido respaldo de José María Domenech Romero.
Así, el 10 de mayo de 1951, tras una emotiva misa celebrada en la Plaza del Salvador, comenzó el primer camino hacia Almonte. En aquella jornada histórica, la Virgen del Simpecado —una bellísima imagen diseñada por Antonio Castillo Lastrucci— fue colocada en una carreta cedida por la Hermandad del Museo, conocida popularmente como «la tumbilla de la Virgen de las Aguas». La banda del Regimiento de Caballería de Sagunto y la Banda Municipal de Sevilla acompañaron al cortejo, mientras una multitud de fieles y rocieros caminaba unida hacia la aldea almonteña, llevando consigo la esperanza de un sueño largamente anhelado.
El camino estuvo marcado por momentos de gran emoción y fraternidad, destacando el apadrinamiento de la hermandad en Villamanrique de la Condesa y las noches de descanso en las localidades de La Juliana y Gato. Finalmente, el 12 de mayo de 1951, la comitiva llegó a El Rocío, accediendo por el camino de Hinojos y alojándose en una choza situada en la calle Almonte, donde vivieron las primeras jornadas de intensa devoción dentro del seno de la hermandad.
Este primer viaje, autorizado «ad experimentum» por el Arzobispado, marcó el inicio de un peregrinaje que se ha mantenido vivo durante más de siete décadas, con el Simpecado y el fervor mariano de los rocieros del Salvador como testigos insobornables del paso del tiempo.
Un legado que trasciende generaciones
Setenta y cinco años después de aquel primer camino histórico, la Hermandad del Rocío del Salvador se prepara para vivir una nueva edición de la romería. Esta cita no solo rememora el primer paso dado, sino que renueva el compromiso de fe y devoción que caracteriza a todos sus miembros. El cartel que anuncia esta celebración es, a su vez, una invitación al camino y un emotivo homenaje a los fundadores y a quienes, a lo largo de los años, han hecho posible que esta hermandad mantenga viva su esencia.
Con la mirada puesta en el camino y el alma rebosante de emoción, los rocieros del Salvador caminarán nuevamente, un año más, desde Sevilla hasta El Rocío, con la esperanza renovada y la promesa firme de seguir llevando la luz de la Virgen del Rocío a cada rincón del mundo. Este 75 aniversario no es un simple número, sino la manifestación palpable de un legado vivo en cada hermano, en cada paso dado y en cada oración dedicada a la Blanca Paloma.
Fotos: Antonio Almagro





