La Virgen de las Lágrimas regresa al culto tras su restauración bajo la dirección de Pedro Manzano

La Hermandad de la Exaltación ha anunciado la culminación de la intervención conservadora realizada sobre su titular mariana, María Santísima de las Lágrimas, recuperando así su presencia cultual en la capilla de Santa Catalina. La imagen fue retirada del culto el pasado miércoles 25 de junio, al término de la Eucaristía de las 21:00 horas, para ser trasladada al taller del prestigioso restaurador Pedro Manzano Beltrán, responsable de dirigir este nuevo proceso de conservación.

La actuación, de carácter preventivo, se ha centrado en la consolidación de fisuras y corrección de ensambladuras abiertas, diagnosticadas previamente por el propio Manzano durante una revisión técnica. Dicho informe puso de manifiesto la necesidad de garantizar la estabilidad estructural del soporte de la talla a medio y largo plazo, sin que existieran daños graves, pero sí indicios de deterioro propios del paso del tiempo y las condiciones ambientales.

La restauración fue aprobada por unanimidad en el Cabildo General Extraordinario celebrado en febrero de 2025, una vez concluido el Cabildo Ordinario de Memorias y Cuentas del ejercicio 2024 y de Presupuestos para 2025. Ambas sesiones se desarrollaron en la sede canónica de la hermandad, donde los hermanos, tras conocer el informe técnico, dieron su respaldo a las labores planteadas por el especialista, que se han desarrollado a lo largo de dos semanas.

Una imagen de impronta barroca y singular expresividad

María Santísima de las Lágrimas es una dolorosa anónima del siglo XVII, profundamente vinculada al lenguaje expresivo del Barroco sevillano. Su atribución más extendida la vincula a Luisa Roldán, la célebre escultora conocida como “La Roldana”, aunque esta hipótesis no ha sido documentalmente confirmada. La talla está realizada en madera de cedro y presenta una fina policromía al óleo, con una anatomía facial que se aleja de los estilemas más frecuentes en la imaginería local: su rostro alargado, la marcada anchura mandibular y el gesto introspectivo que dibujan sus cejas arqueadas, otorgan a la imagen una fisonomía única.

Sobre su faz, cinco lágrimas descienden con minuciosa delicadeza —dos en la mejilla derecha y tres en la izquierda—, reforzando la intensidad emocional de su mirada baja y serena. Esta configuración iconográfica, unida a su aura de silencioso desgarro, ha situado a la Virgen de las Lágrimas como una de las más emocionales representaciones marianas de la Semana Santa de Sevilla.

Dolor y consuelo: la dimensión teológica de una devoción

Desde el punto de vista simbólico, la Imagen responde al modelo de la Virgen Dolorosa, representada en los momentos posteriores a la muerte de Cristo. Este arquetipo, profundamente arraigado en la piedad popular andaluza, canaliza la meditación sobre los Dolores de María como vía de acceso al misterio de la Pasión y Redención. En ese marco iconográfico se insertan figuras como la Dolorosa bajo palio, el Stabat Mater, la Virgen Doliente, la Piedad y la Soledad, configuraciones que marcan el imaginario cofrade desde siglos atrás.

Un rasgo peculiar en la Virgen de las Lágrimas es el pañuelo que porta en su mano derecha, emblema del consuelo espiritual frente al dolor terreno. La tradición oral, aunque carente de base documental, sostiene que esta imagen fue la primera dolorosa sevillana en portar dicho atributo, legado que el fervor popular quiso depositar en sus manos como acto de amor y compasión.

Conservación y futuro: un compromiso renovado

La intervención realizada por Pedro Manzano supone la segunda actuación relevante sobre esta dolorosa en las últimas décadas, siendo también él el encargado de una restauración previa en el año 2007. Con esta nueva actuación, la Hermandad de la Exaltación renueva su compromiso con la conservación del patrimonio artístico y espiritual que atesora desde hace siglos, asegurando que la Virgen de las Lágrimas continúe siendo referente de fe, emoción y belleza para las generaciones presentes y venideras.