La Hermandad del Silencio de Granada ha recibido la autorización del Arzobispo, monseñor José María Gil Tamayo, para que la imagen original del Santísimo Cristo de la Misericordia, salida de las gubias de José de Mora en el siglo XVII, encabece de manera permanente la estación de penitencia de la corporación durante la madrugada del Jueves al Viernes Santo.
La decisión, adoptada tras la oportuna solicitud y valoración por parte del Consejo Episcopal, supone para la hermandad un motivo de profunda gratitud y al mismo tiempo un compromiso renovado. La corporación se ha reafirmado en su voluntad de custodiar el inmenso valor religioso, devocional, cultural y patrimonial de su venerado Titular. Desde la propia hermandad se ha expresado el convencimiento de que esta talla histórica, arraigada durante siglos en la vida espiritual de Granada, seguirá proyectando su mensaje de fe en cada estación penitencial.
La corporación ruega al Santísimo Cristo de la Misericordia que continúe siendo guía de la vida interna de la hermandad y consuelo de cuantos granadinos, a lo largo de los siglos, han buscado en su contemplación el testimonio de la infinita misericordia divina.
Un siglo de historia
La Hermandad del Silencio fue fundada el 6 de mayo de 1924, aprobándose en ese mismo año sus estatutos por el entonces Arzobispo de Granada, el cardenal Vicente Casanova y Marzol. A las pocas fechas, las primeras reglas fueron refrendadas por el papa Pío XI, que además le otorgó el título de Pontificia. El carácter de Real llegaría posteriormente por concesión de la Casa del Rey, tras el nombramiento de S.A.R. el Príncipe de Asturias como hermano mayor honorario.
La primera estación de penitencia de la nueva corporación tuvo lugar en la Semana Santa de 1925, portando ya al Cristo realizado por José de Mora en el siglo XVII. La imagen había visto la luz en la popular “casa de los mascarones” del Albaicín, siendo encargada por los clérigos menores de San Francisco Caracciolo para la iglesia de San Gregorio Bético, también en el barrio albaicinero. Tras la desamortización, el crucificado pasaría a la parroquia de San José.
Evolución devocional del Cristo
El imponente crucificado fue inicialmente venerado bajo la advocación de Santísimo Cristo de la Salvación. En etapas posteriores se le conoció como Cristo de la Expiración, hasta adquirir finalmente el título con el que hoy se le identifica y que quedó consolidado con el nacimiento de la cofradía: Santísimo Cristo de la Misericordia.
La talla de Mora, considerada una de las de mayor riqueza patrimonial de la Semana Santa granadina, ha sido objeto de atención en relevantes exposiciones. En 1967 participó en la muestra celebrada en el Hospital Real, sede del Rectorado de la Universidad de Granada, dedicada a la imaginería granadina. Posteriormente, en el año 2000, fue pieza destacada en la exposición “Jesucristo y el Emperador Cristiano”, organizada en la Catedral de Granada con motivo del quinto centenario del nacimiento del emperador Carlos I.
Integraciones y distinciones
La trayectoria de la hermandad también ha estado marcada por significativas vinculaciones. El 24 de mayo de 1986, la corporación se unió a la Hermandad Sacramental del Señor San José y Ánimas. En el año 2000 fue distinguida como socia de honor de la Archicofradía Universal del Apóstol Santiago, en atención a la especial relación de la hermandad con la orden del patrón de España.
Recuerdo del centenario
El año 2009 trajo consigo un acontecimiento de especial resonancia: la conmemoración del centenario del “renacer” de la Semana Santa de Granada, evocando aquella procesión celebrada en 1909 que marcó un antes y un después en la vida cofrade de la ciudad. La Real Federación de Cofradías lo recordó con la histórica “Passio Granatensis”, celebrada el Sábado Santo de ese mismo año.
En aquel contexto, la Hermandad del Silencio realizó su estación de penitencia con la imagen original del Cristo de Mora, que había sido sustituida en 1985 por una copia a partir de puntos realizada por el escultor granadino Antonio Barbero Gor. Sin embargo, la procesión de ese año quedó condicionada por la incertidumbre meteorológica, lo que llevó finalmente a la dolorosa decisión de que la talla original no participase en el magno cortejo.
Una obra cumbre del Barroco español
La imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia fue esculpida hacia 1695 por José de Mora (1642–1724), en su vivienda del Albaicín granadino, hoy conocida como Carmen de los Mascarones, en la calle Pagés. Allí también residió el canónigo y poeta Pedro Soto de Rojas, y un azulejo conmemorativo recuerda el nacimiento de esta insigne escultura.
La talla representa a Cristo ya muerto, con el cuerpo sereno, sin dramatismos ni desgarraduras. La cabeza, ligeramente inclinada, reposa sobre el hombro derecho; los brazos, extendidos, muestran tensión contenida y proporción, y la policromía, trabajada con pulimentos al estilo antiguo, confiere al cuerpo un aspecto marfileño, vibrante bajo la luz de los cirios. Su mirada ausente, sus manos entreabiertas –un rasgo inusual en la escultura andaluza– y la disposición sosegada de las carnes hacen de esta imagen un paradigma del realismo espiritual del siglo XVII. El paño de pureza, de tela encolada y color carmín violáceo, contribuye a una estética única, sin rastros de violencia ni excesos de sangre.
Desde su concepción, la imagen fue encargada por los clérigos regulares menores de San Francisco Caracciolo para la iglesia del Convento de San Gregorio Bético, donde recibió la primitiva advocación de Cristo de la Salvación. Las crónicas de la época, como las del padre Echevarría, ya la alababan como “una de las más perfectas imágenes jamás talladas”. Posteriormente, tras la desamortización y el cierre del convento, la imagen fue trasladada a la Iglesia de San José, cambiando su advocación primero a Cristo de la Expiración, y finalmente, con la fundación de la cofradía actual en 1924, adoptando su título definitivo de Cristo de la Misericordia.
Un siglo de fervor y devoción
Durante décadas, el deterioro de la imagen fue progresivo, agravado por factores ambientales y exposiciones, como la celebrada en 1967 con motivo del centenario de Alonso Cano. En 1975, su delicado estado obligó a inmovilizarla en su capilla y a evitar su procesión. No obstante, ese mismo año, por la imposibilidad de completar una copia escultórica a tiempo, el Cristo original fue portado en unas angarillas, en una Estación de Penitencia que quedó grabada en la memoria como ejemplo de fe y entrega.
En 1994, tras años de espera, la imagen fue finalmente restaurada por la profesora Bárbara Hasbach Lugo, recuperando su integridad estructural y policromática. Desde entonces, la cofradía ha preservado su salida exclusivamente al culto interno, salvo contadas excepciones, como su participación en la Passio Granatensis de 2009.
Una imagen sin igual
El Cristo de la Misericordia no tiene parangón en la escultura andaluza de su tiempo. En palabras de Antonio Gallego y Burín, “es el Cristo más andaluz que conocemos, síntesis perfecta de la espiritualidad castellana y la pasión sureña”. Para Domingo Sánchez Mesa, la fusión entre escultura y policromía alcanza en esta obra su grado más excelso, logrando una unidad estética y espiritual única. Mora, en su madurez creativa, logra transmitir no sólo el dolor, sino el misterio de la Resurrección que vibra bajo la calma de los pliegues, la tersura de las carnes y la serenidad del rostro.





