La Chicotá de Nandel | ¡Don Antonio, qué bueno verlo otra vez!

Igualá de Antonio Santiago en La Macarena cambiado

Como cada enero, ha llegado ese momento tan señalado para muchos.

Con su gente y en grupo llegó don Antonio. Todos coordinados, todos a una, como siempre. Una sola idea, una sola voz.

Cuando se tiene un grupo humano y tan capaz como el de don Antonio, con él mismo al frente, decidido, te puede gustar más, te puede gustar menos, pero nadie puede negar ni su valía ni su entendimiento, ni siquiera que elija a los que están con él, aunque mañana cambie, pero quiere de cerca a gente que sabe que va a responderle. Como cualquier jefe. En cualquier trabajo. Con él, los mejores.

Se presentó don Antonio en una noche fría como siempre suelen ser estas noches. Nervios por verlo aparecer, nervios por cómo vendrá, qué ideas trae en la cabeza, qué va a ocurrir, y al final, esa satisfacción para la mayoría de sus seguidores, que aunque digan que ya no es lo que era, o que nunca será con quien otros lo comparan, don Antonio tiene ese aura tan especial como única.

A don Antonio lo llaman durante todo el año para conferencias, programas de televisión, entrevistas, muchas entrevistas. Ahí es donde se ve más a la persona, menos al personaje, y cala, al final acaba calando también por ahí.

Pasado el primer día ahora vienen días de lucha, sea encima de unas tablas, o bajo unas tablas.

Vienen citas señaladas donde apuntalar un trabajo, el camino hacia el éxito, que a veces, no es otro que llegar lo mejor preparado o situado, para una gran final, o el día final.

Luego ya el jurado puntúa, los doctores  opinan. Luego ya, dirán que si esto, lo otro.

Don Antonio volverá a encontrarse con las monjitas, o con la gloria de otro premio de carnaval.

Se presentó Martínez Ares por fin en el falla con su estilo tan característico, con su fina pluma, con la garra de siempre.

Igual que don Antonio en la Macarena, y ahora, como diría Martínez Ares, que ladren, que revienten, pero don Antonio sienta sus bases como quiere, pues para eso es él el que ahora llega.

Quiero que vuelva a enamorarnos, que termine con bellos de punta cada noche al cerrarse el falla. 

Quiero que al mirarla a Ella, al doblar una esquina y ver cómo la luna o el sol la ilumina, piense como algunos al verlo a él. ¡Don Antonio, qué bueno verlo otra vez!