La firma invitada | Santo Sepulcro y Viernes Santo: cuando una prueba se confunde con un sacrilegio

La cantidad de comentarios de coleccionista promedio de Holy Cards que estoy leyendo, rasgándose las vestiduras porque la Hermandad del Santo Sepulcro vaya a ser la primera en entrar en carrera oficial el próximo Viernes Santo, es cuanto menos llamativa.

Por un lado, parece que algunos no entienden que los hermanos no hacemos estación de penitencia para que quienes están sentados vean pasar hermandades en un supuesto orden ideal o cronológico, algo que, por cierto, no ocurre en ningún otro día de la Semana Santa.

Por otro, hay quien se ha quedado anclado en una Semana Santa que ya no existe: aquella en la que cerrar un día era un privilegio y no un suplicio. Y esto no es un problema exclusivo de Córdoba, sino la consecuencia directa del aumento de hermandades y de nazarenos, que provoca retrasos constantes y parones interminables que sufre, sobre todo, la última cofradía del día.

Cabe preguntarse dónde están todos esos que ahora se rasgan las vestiduras cuando el Santo Sepulcro regresa a casa de madrugada por una desangelada calle de la Feria, acompañado únicamente por el ruido de las latas golpeadas y el cansancio de los hermanos tras tanto parón. No suelen estar allí. Son, en muchos casos, los mismos que ocupan la calle Diario de Córdoba copa en mano ¡un Viernes Santo!, sin guardar silencio ni el más mínimo respeto al paso del Señor en la urna, por mucha matraca que suene.

Conviene recordar que el Sepulcro fue pionera en volver a hacer estación de penitencia en la Catedral y una de las grandes impulsoras de la carrera oficial en la Santa Iglesia Catedral. Sin embargo, el cambio nos ha perjudicado notablemente, y estamos en nuestro legítimo derecho —como cualquier otra hermandad— de buscar soluciones.

Entre los comentarios hay de todo: los cronistas con TOC que dan una importancia casi mística al orden de la carrera oficial, como si no supieran buscar cofradías en el orden que les apetezca; y los que hablan alegremente de un Sábado Santo, ignorando que nuestra hermandad lleva más de 450 años haciendo estación de penitencia en la tarde del Viernes Santo y que así seguirá siendo siempre.

Que quienes sueñan con un Sábado Santo tengan claro que nunca contarán con nosotros. Podremos tener muchos defectos, pero los días más importantes del calendario litúrgico los vivimos con intensidad y coherencia. La Hermandad y la Parroquia de la Compañía somos una sola cosa para conmemorar y celebrar la Cena del Señor el Jueves Santo, la Pasión y Muerte del Señor en los oficios del Viernes Santo y la Resurrección del Señor en la Vigilia Pascual.

Nunca cambiaremos el júbilo de la Vigilia Pascual por estar recogiendo una cofradía para satisfacer los sueños de algunos.

Conviene, además, recordar algo esencial: esto es tan solo una prueba, una prueba por la que la Hermandad ha tenido que luchar durante más de siete años y que ha requerido incluso la aprobación del Obispado, pese a que en ningún reglamento está escrito ni que el Sepulcro deba ser la última —durante siglos no lo fue— ni que el Obispado tenga que dar su visto bueno cuando existe acuerdo entre las hermandades del día. 

No se rasguen las vestiduras por un orden de entrada en carrera oficial o el orden de aparición en los horarios: en el mundo de las cofradías nos tragamos sapos mucho más grandes a los que no se les suele dar tanta importancia.