Si en la primera parte nos centrábamos en la obra sobre El Convento de Nuestra Señora de Consolación de Sevilla. Las Mínimas de Triana, en esta ocasión Salvador nos habla sobre los futuros proyectos y la actualidad de las clausuras.
Recientemente, además de la Virgen del Tránsito, se expuso a la veneración la imagen de la Virgen del Amor en San Leandro. El convento recibió este mes de agosto la visita del arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, quien llegó a Sevilla con motivo de la predicación de la novena de la Virgen de los Reyes. El 15 de agosto, tras la procesión, muchos sevillanos se desplazaron hasta los conventos para ver a las Vírgenes dormidas y a la Virgen del Amor. ¿Qué valoración hace el historiador desde que se instaurase dicho culto? Según sus palabras, se trata de una iniciativa que nació con la intención de recuperar una devoción que había permanecido vinculada al interior del convento. Añade además que «las monjas celebraban tradicionalmente su novena previa al 15 de agosto y ese día festejaban su fiesta, por lo que planteamos trasladar ese culto al exterior para que pudiera ser compartido también por los sevillanos. El objetivo era, además, volver a poner al monasterio de San Leandro en el lugar que le corresponde dentro de la vida de la ciudad: hablar de los conventos, mostrar su viveza, sus tradiciones y su historia, y conseguir que los sevillanos volvieran a sentirlos como parte de su propia ciudad. Esta iniciativa comenzó de forma paralela con la Virgen del Tránsito de las Mínimas de Triana, y durante estos seis años ambas devociones se han mantenido públicamente de manera ininterrumpida. Poco a poco han entrado en ese recorrido de veneración de las vírgenes conventuales que tiene lugar en Sevilla cada 15 de agosto. Muchos fieles, después de acudir a la procesión de la Virgen de los Reyes, continúan su recorrido por los monasterios para visitar estas imágenes».

En cuanto a la respuesta de los sevillanos a tales veneraciones, Salvador la califica de extraordinaria: «Acuden muchísimas personas, las Vírgenes son muy veneradas y se han convertido en un punto de encuentro para muchos sevillanos en esta jornada. Pero, sobre todo, creo que hemos conseguido algo que va más allá de la propia devoción: volver a hablar de los conventos y mostrar que son espacios vivos, con una historia, una espiritualidad y un patrimonio que siguen formando parte de la identidad de Sevilla. Es una forma de recordar que los conventos no son únicamente edificios históricos, sino comunidades vivas que continúan teniendo mucho que aportar a la ciudad».
Por otra parte, este verano conocíamos que en otoño Santa Paula abrirá su hospedería, la cual se instalará en un antiguo espacio diáfano del monasterio, próximo a la calle Enladrillada. Es una iniciativa «extraordinariamente positiva para la pervivencia de la comunidad», y recuerda que «las comunidades monásticas necesitan encontrar también nuevas vías que les permitan garantizar su sostenimiento, y una hospedería supone una actividad perfectamente compatible con la propia vida monástica. En este caso, además, permitirá generar unos ingresos que contribuirán directamente al mantenimiento del monasterio y de la comunidad. Es cierto que la gestión de la hospedería correrá a cargo de una empresa y no de las propias monjas, pero considero que eso no resta valor a la iniciativa. Al contrario, permite que la comunidad pueda beneficiarse de una actividad que, bien planteada, resulta compatible con su forma de vida. Me parece, en definitiva, una iniciativa extraordinaria y un ejemplo de cómo los conventos pueden buscar fórmulas para garantizar su futuro sin renunciar a su identidad ni a su carácter monástico. Mantener vivos estos monasterios exige también buscar soluciones que permitan a las comunidades afrontar los costes de conservación y de su propia subsistencia».

Las clausuras, como bien subraya, son espacios vivos. Si Santa Paula estrena hospedería, San Leandro hará lo propio con un museo en el que lleva trabajando varios meses. Se espera que abra sus puertas este nuevo curso que está a punto de comenzar. Por ahora se trabaja en que tenga lugar con motivo de una nueva edición de De Corazón, el proyecto solidario que viene desarrollándose en beneficio del monasterio y que ya cuenta con una respuesta extraordinaria en anteriores ediciones. Salvador refiere que el museo se articula en torno a cinco salas y que cuenta con un claro discurso museístico, yendo más allá de una simple exposición de obras. Así pues, el espacio se sustenta en tres pilares, como son la historia, las devociones y las fiestas de la comunidad agustina. «La primera sala es de contextualización. En ella se explica el origen del monasterio en torno a la figura de san Leandro, las reliquias que conserva la comunidad y la propia identidad de las religiosas, las «Leandras». También se muestra el paso a la regla de san Agustín, con obras vinculadas a la espiritualidad agustiniana, entre ellas piezas de Duque Cornejo y un monumental San Agustín de José de Arce, además de la historia de la fusión con el monasterio del Dulce Nombre de Jesús. Las siguientes salas están dedicadas a algunas de las grandes celebraciones y devociones de la comunidad. Una de ellas gira en torno al Triduo Sacro, con obras relacionadas con la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, además de parte de la platería del monasterio y el magnífico monumento de Jueves Santo, una pieza de la primera mitad del siglo XVII. Otra de las grandes salas está dedicada al Corpus Christi y a la Inmaculada Concepción, con el aparato y el manifestador de plata y las obras vinculadas a la Congregación de la Granada. Aquí tendrá un protagonismo especial la pintura de la Inmaculada Concepción de Domingo Martínez, recientemente restaurada. También estarán representadas las grandes devociones de la comunidad, entre ellas los santos Juanes o la devoción de los Santos Auxiliadores, relacionada con el botanista Nicolás Monardes. Se podrán contemplar el San Juan Evangelista de Luisa Roldán, «La Roldana», y el San Juan Bautista de Martínez Montañés, junto a otras obras y bienes suntuarios de artistas como Juan Bautista Patrone, Cristóbal Ramos y Juan de Astorga. Finalmente, la quinta sala estará dedicada a la Navidad y ocupará el espacio de la antigua librería. Allí se mostrará una parte muy importante de la colección de Niños Jesús del monasterio, con obras vinculadas a distintos artistas de la escuela sevillana, además de diversos nacimientos, entre los que destaca el de Pedro Ximénez, fechado en 1798». Por tanto, más que un museo de piezas aisladas «lo que pretendemos es ofrecer al visitante una lectura de la propia vida del monasterio: sus fiestas, sus devociones, su espiritualidad y su patrimonio. Y, además, recuperar para la ciudad espacios de la clausura que durante siglos han permanecido prácticamente desconocidos» puntualiza.

Gracias a la colaboración de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha sido posible que se hayan conocido espacios como San Leandro, Santa Paula, Santa Inés y Nuestra Señora de Consolación. El próximo volumen se presentará a finales de año y tendrá como protagonista el cenobio de Madre de Dios de la Piedad que, como el historiador mismo señala, es uno de los grandes referentes de la orden dominica en la ciudad. «Los dominicos fueron probablemente la orden religiosa más importante de la ciudad, llegando a contar con doce monasterios: seis masculinos y seis femeninos, más que ninguna otra de las órdenes que se establecieron en la capital hispalense. Dentro de ellos, Madre de Dios de la Piedad ocupó un lugar especialmente destacado. Fue una comunidad protegida por la reina Isabel la Católica, que cambió también de emplazamiento y terminó estableciéndose en unas casas situadas en la antigua judería, que fueron donadas por la propia reina. Es además uno de esos conventos que sufrió especialmente las consecuencias de la desamortización. En 1868 perdió prácticamente la totalidad de su enclave monástico y la comunidad tuvo que conservar y adaptar la iglesia y algunas dependencias anexas para poder reconstruir allí su vida conventual.
Pero la importancia de Madre de Dios no se encuentra solamente en su arquitectura o en su patrimonio artístico, sino, sobre todo, en las personas que vivieron entre sus muros. Es uno de los monasterios sevillanos que reúne un mayor número de religiosas con fama de venerables y de santidad. A ello hay que añadir sus extraordinarias relaciones con América y la llegada de un importante patrimonio virreinal. Por sus dependencias pasaron, entre otras personalidades, tres bisnietas de Cristóbal Colón; también vivió allí una hija de Murillo y numerosos descendientes de la familia Neve. En su iglesia fue enterrada además la marquesa del Valle de Oaxaca, vinculada a Hernán Cortés, en la capilla principal. Nos encontramos, por tanto, ante una historia apasionante y ante un patrimonio artístico igualmente y extraordinario, a pesar de las pérdidas provocadas por la desamortización y las distintas exclaustraciones. El libro pretende precisamente recuperar esa historia y mostrar la importancia que Madre de Dios de la Piedad tuvo, y sigue teniendo, dentro de la historia religiosa, social y artística de Sevilla».

La colección de obras sobre los conventos sevillanos tiene una característica fundamental, y es que son publicaciones realizadas en beneficio de los propios monasterios estudiados. Salvador recuerda que «la Real Maestranza de Caballería de Sevilla financia la edición de los volúmenes, de manera que los ingresos obtenidos por su venta revierten íntegramente en cada uno de los cenobios. Los libros tienen un precio de 30 euros y pueden adquirirse directamente en los propios conventos, de manera que el lector, además de llevarse el libro, contribuye directamente al sostenimiento de la comunidad. Es también una forma de acercarse a las monjas y a los propios monasterios. Para facilitar su adquisición y teniendo en cuenta los horarios de apertura de las clausuras, todos los títulos están también disponibles en la librería Botica de Lectores. A partir de diciembre se incorporará a la colección el quinto volumen, dedicado al convento de Madre de Dios de la Piedad, uno de los grandes monasterios dominicanos de Sevilla».
Por último, deja constancia de que al adquirir cualquiera de estos libros no solo se está comprando una publicación que recoge la historia y el patrimonio de un convento: «Se está contribuyendo directamente a su sostenimiento. Y eso ha sido posible gracias a la Real Maestranza de Caballería, que hace posible la edición de estos volúmenes y permite que el beneficio de su venta revierta íntegramente en las propias comunidades».

La última incorporación al museo de San Leandro
En 2025, Círculo de Pasión arrancó una nueva edición con la Hermandad de la Vera Cruz. Hasta allí se trasladaron diversas piezas que actualmente forman parte del patrimonio del convento de San Leandro. La corporación del Lunes Santo ha sido crucial para la restauración de tres imágenes, ofreciendo un generoso donativo que posibilitará que estén listas para que puedan ser expuestas en el futuro museo. Entre ellas, un San Rafael del siglo XVIII, anónimo, y dos Niños Jesús. La primera ya se encuentra en el cenobio, restaurada por Darío Ojeda Cordero, y recuerda a aquellas tallas que provenían de Italia y que tuvieron buena acogida en la Sevilla del XVIII y el XIX.






