Salvador Guijo: «Las Mínimas de Triana constituían, en buena medida, una parte de la historia de Sevilla que permanecía desconocida»

Agosto y la Virgen de los Reyes son un binomio eterno en la ciudad. Pero el octavo mes también guarda el sabor conventual atesorado durante siglos. Y las puertas se abren de par en par, mezclándose el olor de su repostería con el trasiego de una mañana en sepia. La Virgen del Amor espera en San Leandro y la del Tránsito duerme profundamente sobre suelo trianero custodiada por las hermanas Mínimas. Salvador Guijo está detrás de dos citas que ya son tradición en la ciudad de la gracia.

En el último volumen dedicado a las clausuras, recorre la historia del único convento habitado del viejo arrabal. El de Nuestra Señora de Consolación era prácticamente desconocido. Salvador afirma que «ha sido, junto con el monasterio de San Leandro, uno de los estudios más interesantes, especialmente por lo que ha supuesto la investigación de su archivo. Incluso diría que, en este caso, el descubrimiento ha sido todavía mayor, porque, como ya señalaban los autores de Sevilla Oculta, no pudieron acceder al interior del convento. Nos encontrábamos, por tanto, ante un archivo prácticamente inexpugnado, inexplorado y sin catalogar. Poder estudiarlo ha sido un auténtico descubrimiento». Y añade: «Las Mínimas de Triana constituían, en buena medida, una parte de la historia de Sevilla que permanecía desconocida. La documentación permite reconstruir la apasionante historia de una comunidad que tuvo que cambiar de emplazamiento en numerosas ocasiones: desde su primera fundación en Fuentes de León pasaron posteriormente a la calle Pagés del Corro, después a la llamada Cava de los Gitanos y más tarde a la calle Sierpe. Cuando la comunidad abandonó la casa Triana, aquel convento volvió a abrirse con el título de Nuestra Señora de la Salud. Llegamos así a tener dos monasterios de Mínimas en Sevilla, ambos afectados posteriormente por las desamortizaciones, hasta que las comunidades terminaron incorporándose a Santa María de Jesús y, finalmente, ya fusionadas, pudieron recuperar la primitiva casa fundacional de Triana. Reconstruir todo ese recorrido a través del archivo ha sido apasionante. Pero, además de la historia de la comunidad, el estudio ha permitido descubrir y documentar un patrimonio artístico de una calidad extraordinaria, que en buena medida permanecía también oculto. Por eso creo que este trabajo no solo recupera la memoria de las Mínimas de Triana, sino que permite devolverles el lugar que les corresponde dentro de la historia religiosa, artística y patrimonial de Sevilla».

Retablo mayor. Foto: Andrés González

Durante la elaboración de este volumen, también ha llamado la atención el patrimonio artístico de la comunidad, fundamentalmente el hecho de reconstruir la procedencia de las obras que hoy conserva el convento. «Estamos ante una casa que ha recibido los restos del patrimonio de distintos conventos y que, por tanto, se ha convertido en depositaria de una parte importante de la historia de las Mínimas. En el convento encontramos obras procedentes de Nuestra Señora de Consolación de la calle Sierpes, del convento de Nuestra Señora de la Salud, del convento de Nuestra Señora de la Victoria de los Mínimos y del convento de Nuestra Señora de la Soledad de Écija. A ello hay que sumar algunas piezas que llegaron incluso desde otros establecimientos de la orden, como determinadas obras procedentes de conventos Mínimos concretos, como un San Francisco de Paula de Arahal». Además, señala: «Uno de los principales objetivos del libro ha sido precisamente poner de manifiesto esta realidad y dar a conocer un patrimonio artístico extraordinario, tanto en imaginería como en pintura y otras manifestaciones artísticas, que durante siglos ha permanecido en la clausura y que, en buena medida, era desconocido. Creo que reconstruir la historia y la procedencia de este patrimonio nos permite entender mucho mejor la importancia que tuvo y que sigue teniendo la comunidad de las Mínimas en la historia de Sevilla».

Entre las piezas que atesora el convento se encuentran obras de Pedro Roldán, Montes de Oca, Cristóbal Ramos, Juan de Astorga… A pesar del alto nivel parece que no somos conscientes de la calidad del patrimonio que atesoran los cenobios. Al respecto, el historiador señala: «Creo que todavía no somos plenamente conscientes de la importancia del patrimonio que conservan los conventos de Sevilla. En los últimos años se han dado pasos muy importantes para ponerlo en valor, tanto desde las propias comunidades como desde instituciones que están promoviendo su estudio y conservación. Los libros de la Real Maestranza de Caballería son un buen ejemplo: permiten documentar la historia, los archivos y el patrimonio artístico de estos monasterios.

Pero quizá las instituciones deberían hacer todavía más hincapié en esta cuestión. Es cierto que la Junta de Andalucía está destinando fondos a la restauración y conservación del arte sacro y que los conventos están solicitando estas ayudas. También el Ayuntamiento de Sevilla está trabajando en un proyecto específico para la rehabilitación de los conventos, que esperemos pueda ponerse en marcha. Sin embargo, queda muchísimo por hacer.

No puede sorprendernos que, cuando a un convento le solicitan que preste una obra para una exposición, solicite a cambio la restauración de esa pieza o de otra de características similares. De igual modo cuando a los museos se le solicitan piezas o, simplemente, la reproducción de una fotografía de obras de su fondo para una publicación, siempre piden a cambio una contraprestación, en este caso, casi siempre económica. Es perfectamente lógico: ese patrimonio hay que conservarlo para que después todos podamos disfrutar de él y, sobre todo, para que pueda llegar a las generaciones futuras.

Las propias comunidades están haciendo un esfuerzo enorme. Algunos conventos ya cuentan con museos o salas expositivas, como Santa Paula, mientras que San Leandro y Madre de Dios de la Piedad trabajan también en esta línea. Además, se están organizando visitas privadas que permiten conocer espacios y obras que durante siglos han permanecido en clausura.

Sevilla tiene, después de Roma, una de las mayores concentraciones de conventos de clausura del mundo. No estamos hablando, por tanto, únicamente de patrimonio artístico: estamos hablando de una parte esencial de la identidad de la ciudad. Por eso son necesarias mayores ayudas y una implicación más decidida de las instituciones. Conservar los conventos y su patrimonio es conservar también una parte fundamental de la historia de Sevilla».

Crucificado. Francisco de Ocampo. Siglo XVII. Foto: Andrés González

Regresando a Triana, en su última obra, el último capítulo está dedicado al patrimonio desaparecido y a las desamortizaciones. Especialmente fueron virulentas las crecidas del Guadalquivir. ¿Estamos hablando de la comunidad que más ha sufrido en Sevilla la furia de la naturaleza? «Podríamos decir que sí. Si tuviéramos que señalar un convento especialmente castigado por la naturaleza, probablemente sería el de las Mínimas de Triana. El propio enclave del monasterio, condicionado por la proximidad del Guadalquivir y por la situación del barrio de Triana, hizo que las riadas y las inundaciones fueran especialmente frecuentes y graves.

A ello hay que añadir el terremoto de Lisboa, que prácticamente provocó el derribo del monasterio, y las numerosas epidemias que asolaron Triana, desde la peste hasta el cólera y otras enfermedades que encontraron en el barrio unas condiciones especialmente propicias para su propagación.

Pero, si ampliamos la mirada, comprobamos que prácticamente ningún convento sevillano ha estado al margen de estas desgracias. Las riadas también afectaron a otros enclaves, como el primitivo monasterio de Madre de Dios, situado junto a la Puerta de Triana, en el Arenal. Santa María de Jesús sufrió un importantísimo incendio provocado por un rayo que cayó en uno de los vértices del monasterio, y también Santa Paula ha padecido incendios y otros episodios que han afectado a su patrimonio.

Sin embargo, hay que distinguir entre los daños provocados por la naturaleza y los causados por el hombre. Y, en este sentido, creo que el hombre ha sido mucho más virulento: las guerras, las desamortizaciones, las exclaustraciones y los sucesivos procesos de pérdida y recuperación de los edificios han tenido consecuencias enormes sobre el patrimonio conventual.

Por eso, aunque la naturaleza ha castigado duramente a los monasterios, han sido las actuaciones humanas las que, en muchas ocasiones, han provocado las pérdidas más irreparables. Y si tuviéramos que escoger un convento especialmente castigado por ambas fuerzas, sin duda señalaría al monasterio de las Mínimas de Triana».

Virgen de Guadalupe. Foto: Andrés González

Durante estos días, el convento ha acogido la veneración de la Virgen del Tránsito. La tradición fue recuperada gracias al empeño de Salvador, que recuerda que ya es el sexto año en el que la imagen vuelve a recuperar el culto público. ¿Qué ha significado para la comunidad? Según sus palabras, se trata de una de las recuperaciones más bonitas que ha podido realizar: «Cuando conocí a las monjas y les planteé la posibilidad de recuperar esta tradición, ellas mismas desconocían prácticamente por completo que hubiera existido. La comunidad actual procede de Daimiel, en Ciudad Real, y esta devoción se había perdido en torno a los años sesenta, cuando la comunidad había disminuido considerablemente. Las últimas exposiciones públicas de la Virgen habían tenido lugar precisamente en aquella década. Yo les comenté que tradicionalmente el 15 de agosto se exponía la Virgen del Tránsito, pero fue precisamente el estudio de su archivo, realizado con motivo del libro, el que me permitió constatar la enorme devoción que había tenido históricamente. La documentación demuestra cómo cada 15 de agosto las monjas la exponían detrás de las rejas para que pudiera ser contemplada y venerada por los trianeros. Por tanto, recuperar esta tradición ha supuesto mucho más que volver a exponer una imagen. Ha significado recuperar una parte de la memoria espiritual y devocional del monasterio y devolver a los sevillanos, y especialmente a los trianeros, una devoción que durante décadas había permanecido prácticamente olvidada. Finalmente, remarca: «Creo que es un magnífico ejemplo, aunque haya sido a posteriori, de cómo el estudio de los archivos puede servir también para recuperar tradiciones. La documentación nos ha permitido conocer la importancia que tuvo históricamente la Virgen del Tránsito y, a partir de ahí, devolverla al lugar que ocupó durante siglos dentro de la vida del convento y de la devoción de Triana».

La Virgen del Tránsito. Foto: Andrés González

Tras haber concluido la octava, la Virgen del Tránsito vuelve este domingo a la clausura. Tras las rejas, se observará callada una imagen que gozó de gran devoción. Mientras tanto, las hermanas seguirán con sus quehaceres diarios y su labor callada.

La comunidad extendió hace años su horario de apertura. Su rico patrimonio está ahora más que nunca a nuestro alcance. En El Convento de Nuestra Señora de Consolación, las Mínimas de Triana, posible gracias a la colaboración de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el lector encontrará además uno de los testimonios más singulares de la vida contemplativa femenina de la ciudad.