El rincón de Costal Hero | El aprendiz que ya se ve con el martillo

¡Tos por igual, valientes! ¡A esta es!

Hay quien lleva unos cuantos años pegado al martillo de otro, aprendiendo el oficio, mirando de reojo y tomando buena nota de cómo se manda cuando el que manda sabe de qué va la película. Hasta ahí, estupendo. El problema viene cuando al aprendiz le entra la prisa por convertirse en protagonista y empieza a pensar que aquello de estar en el banquillo ya le queda pequeño. Porque ganas de mandar, lo que se dice ganas de mandar, no le faltan.

Y ojo, que tener confianza en uno mismo es necesario. Si uno no se cree capaz, difícilmente va a ponerse delante de un paso. Pero hay una frontera muy fina entre la valentía y la osadía, igual que la hay entre la seguridad y la soberbia. Y algunos empiezan a cruzarla con una alegría que ni el que se tira a la piscina sin mirar si hay agua. Porque haber aprendido junto a capataces con un bagaje importante no significa que el título de maestro venga incluido en el menú.

Lo que algunos olvidan es que una cosa es aprender a la sombra del maestro y otra ponerse delante para que te partan la cara. Mientras estás en el equipo, siempre hay alguien que ha vivido más plazas, más calles y más marrones que tú. Pero cuando coges el martillo, amigo mío, se acabó el parapeto. Ahí las decisiones son tuyas, los aciertos son tuyos y los errores también. Y entonces veremos si toda esa técnica y ese conocimiento que uno dice llevar en la mochila pesan lo mismo cuando toca llevarlos sobre los hombros.

Así que tranquilidad, valientes. Que no todo el que se cree preparado está preparado, por mucho que se mire al espejo y se vea ya con el martillo en la mano. El tiempo pone a cada cual en su sitio y, en esto de mandar pasos, hay una cosa que nunca pasa de moda: saber esperar. Porque una cosa es querer ser capataz y otra muy distinta estar preparado para serlo.

¡Ahí quedó!