A contracorriente | Dos agrupaciones musicales y dos adioses sonados

Agrupación musical

De todo se cansa uno. Esto deben pensar algunos hermanos mayores y los miembros de sus juntas de gobierno, cuando acceden al poder o sencillamente pasan los años. Hay quien se cansa de los capataces o los capataces cansan a quienes mandan.

Y eso es extrapolable a las bandas que, por diversos motivos que nunca suelen aflorar a lo público, dejan de ser renovadas. Al contrario, siempre es sencilla la respuesta, la formación de turno se marcha de la cofradía porque le sale otra más atractiva. A eso hay quien lo llama cambiar de novia y, en algunos casos se afea.

En el lado opuesto, cuando es la cofradía la que decide cambiar, todo resulta más opaco, aunque la acción y la reacción son la misma: lamentar que a una banda tan exquisita la aparten. Eso sí, siempre desde el trillado axioma del respeto a las decisiones de junta de gobierno. La naturalidad del cambio nunca se ha entendido y es lógico que, para el o los afectados, se haga complicado. 

Y, desde fuera, descifrar el código del adiós ya es tarea de héroes. Es más, cuando se sabe, la heroicidad es contarlo sin que te maten en redes. 

Ejemplos hay decenas cada verano, cada cual en su escala. En este, con poca distancia temporal, dos agrupaciones musicales La Redención de Sevilla y Redención de Córdoba han perdido dos acompañamientos de prestigio. Si bien, el caso más sangrante es el de la hispalense a la que, durante meses, desde algunos sectores del entretenimiento cofrade se les ha dado, como se dice en argot, fuerte y flojo.

De hecho, a uno que siempre le ha entusiasmado la agrupación sevillana llegó a pensar que vivía en una realidad paralela y escuchaba otros sones cuando la banda de Santiago tocaba. Lo que demuestra que dejarse influenciar es sencillo, pero poner freno tampoco es imposible y no es exclusivo de las campañas viales de A3 Media.

Con la banda de Córdoba y su salida de Málaga parecen faltar piezas del puzzle, pues la que la sustituirá es curiosamente similar. Alguien podría explicar el asunto, por una vez y para que sirva de precedente. Pero tal vez es demasiado pedir.