Lo decía Pepe Cosano en la última entrega de Cofrades 24/7, Álvaro Doctor “es el cofrade total”. La frase, por contundente, no deja de ser sincera, veraz y necesaria, porque una figura como la de Álvaro hay, como también apuntaba Pepe, que aprovecharla.
Se debería hacer porque revitalizó a la Hermandad del Santo Sepulcro dirigiéndola con tan solo 18 años y, de camino, fue capaz de marcar una tendencia en las cofradías, como el prioste que cambió los altares de cultos, como señalaba Salva Giménez.
También sería oportuno recordar que el palio de la Virgen del Desconsuelo fue casi una obra de autor y, no solo eso, asumió el riesgo de ser su capataz en una época donde el costalero no abundaba.
No se escatimó en cera, aquello pesaba -doy fe- y Álvaro se convirtió en el Luis Enrique de aquel grupo de costaleros que fuimos, consiguiendo más que una unión, una comunión con el capataz con el que éramos capaces de haber hecho cualquier cosa.
Pepe, Salva, Cristóbal, Antonio, Javier, Jesús y Jose han descrito en este programa a Álvaro, en lo cofrade y en lo personal. Un servidor solo tuvo la idea y un aprendizaje y una felicidad, que ahora vuelvo a recorrer con la mirada reiniciada, vuelta a encender.
Pero ellos han descrito su figura, a Álvaro Doctor, como lo que es, el amigo, el capataz, el prioste, el hombre de hermandad, el visionario: el cofrade total.





