A lo largo y ancho de la diócesis de Córdoba se puede disfrutar de la denominada ‘Semana Santa Chiquita’. Es como una especie de cantera cofrade, en uno de sus fines, y una oportunidad para que los más pequeños puedan sentirse protagonistas de su parcela de piedad popular.
A ello hay que sumar las octavas del Corpus, que solo en la capital -entre las que organizan parroquias y hermandades- afloran como la vid y la espiga durante estos fines de semana. Y, entre medias, como una octava o como una semana santa chiquita aparece la procesión del Corpus.
Entiéndase la hipérbole, que no es tan exagerada si se mira el impacto del Corpus en la ciudad, que mengua como la luna, pero a diferencia de esta le cuesta repuntar al cuarto creciente. Y algo lo ha hecho durante estos dos-tres últimos años, gracias a la presencia del Señor de la Sagrada Cena.
Pero ese ha sido solo un apósito en un desfile que languidece, al que se le negó la participación de otras imágenes y cuyo recorrido estuvo marcado, hasta hace muy poco, por prácticamente una vuelta a la manzana de la Catedral. Ahí llega el segundo apósito, volver a la plaza de las Tendillas.
El tercero de los apósitos estaría en cambiar el horario, algo que de momento se ha encontrado con la negativa del Cabildo. Pues, al margen de los actos catedralicios que pueda haber y que, consecuentemente, tendrían más importancia que la procesión; cualquiera sabe que la tarde es mejor que la mañana cuando el calor aprieta.
Hay quien tiene ganas de seguir reviviendo el Corpus y hay quien no las tiene. De momento, aunque ha dado un pequeño estirón, sigue siendo chiquito.





