Habrá quien diga que Córdoba es una ciudad compleja, nada más lejos de la realidad. En muchos aspectos lo que resulta ser es demasiado provinciana y eso se refleja en la mayor parte de los aspectos de su sociedad.
Las cofradías no son una excepción, no pueden permanecer ajenas a esa especia de chovinismo rancio que se aplica a casi todo en la ciudad. En consecuencia, algunos de los debates que se generan parten de ese localismo castizo.
El de la carrera oficial es un ejemplo de debate yermo y, en no pocas ocasiones, indocumentado, porque nadie que use su materia gris puede entender un itinerario común lejos de la Catedral, máxime con lo que se luchó hasta regresar al templo mayor.
¿Nadie? Pues hubo quien abogó no hace mucho por regresar a las Tendillas.
Eso sí, no deja de ser cierto que la actual carrera oficial genera problemas hasta en lo estético, horarios incómodos y recorridos manifiestamente mejorables. De ahí que modificarla sea una necesidad o lo parezca.
Desde quitar la Puerta del Puente hasta comenzar por Amador de los Ríos, pasando por invertir el itinerario común, todas parecen fórmulas que se pueden probar.
Sobre todo, para que muchas cofradías se recojan más temprano, pensando en el bienestar de sus nazarenos, esos que hacen estación (no de penitencia por lo que parece); pensando en que hermandades y Agrupación no trabajen demasiado rediseñando trazados; y quién sabe si pensando en que se evite que un cortejo pase por la puerta de su casa y siga camino.
Casi una década después seguimos debatiendo sobre la carrera oficial. Córdoba es así, provinciana, no le den más vueltas.





