Puede pasar solo en una actuación, ya sea en un concierto, en una procesión o en un simple pasacalles. Incluso, puede pasar con una sola marcha o, para más inri, en una parte de la pieza. Pero pasará, tarde o temprano sucederá y los haters estarán allí para cumplir con su oficio, que es diferente al del costalero o al del músico, si bien requiere de la misma perseverancia.
No obstante, antes de llegar a ese extremo conviene contextualizar. Todos saben que existe una agrupación musical sevillana, Virgen de los Reyes (VR, para los amigos), que lleva tiempo haciendo -valga la redundancia- amigos (pero lo de los haters aun no toca). Una situación a la que se ha llegado por determinadas polémicas (propias o ajenas a la banda), que en los últimos tiempos se han agravado gracias a la caja de resonancia de algunas plataformas televisivas, donde parece que se elaboran presuntas campañas contra formaciones musicales en supuesto beneficio de Virgen de los Reyes.
El penultimo ejemplo fue el de Alcosa y la espinosa salida de la agrupación llevada a cabo, decidida por la hermandad. Con un caldo de cultivo casi vietnamita (entiéndase la metáfora), la aparición de Virgen de los Reyes por las calles de Cantillana era esperada, por amigos y enemigos.
Ahí es donde nuestro compañero Carlos Medina detectó que la interpretación de El Galileo (marcha que por cuerto parece más de una película de ciencia ficción que procesional y que pese a contar con defensores acérrimos es carne de meme) no contuvo toda la exquisitez que, desde determinados estamentos del entretenimiento cofrade, se atribuye a sus amigos de VR.
Los comentarios al vídeo publicado en la red social X iban, algunos en la linea de nuestro compañero, otros en el lado opueso acudiendo al término sublime. Como se puede deducir, ahí es donde cobran protagonismo los haters (esperando con el subfusil de asalto del tuit a que el tricornio estuviera daleado) y los followers, a los que haga lo que haga la agrupación musical siempre les parece el arte de Morante de la Puebla.
En definitiva, lo que se ha propiciado es una especie de guerra en la que, como en las de mortero y en las dialécticas, no ganará nadie. Ni siquiera la agrupación musical, que debería tener siempre muy presentes los años de travesía por el desierto, de los que no hace tanto por cierto.
Y, ante todo, lo haga quien lo haga, al ver el defecto ajeno uno debe prepararse para que le saquen el propio. Por ejemplo, una mala o regulera interpretación, o sencillamente una marcha fallida como parece ser El Galileo.





