A contracorriente | Hartura

Parecen como un sueño recurrente en el paso previo a la depresión. Y no son otra cosa que los centenares de noticias sobre un tema en cuestión que, durante dos o tres días, copan las portadas de los medios.  

Sin embargo, este sueño reiterado y pertinaz se está prolongado más y llega por partida doble. Por un lado está el asunto del Papa. La muerte de Francisco, la fecha del cónclave, el funeral, la previa del cónclave, los vaticanistas, el comienzo del cónclave, las quinielas, la primera fumata negra, las claves del cónclave, la fumat, el resultado del cónclave, el nuevo Papa, el análisis del cónclave, la figura de Prevost, el nombre del nuevo Papa, su paso por Perú y un largo etcétera que nos ha venido persiguiendo durante las últimas semanas.  

Los últimos días, de hecho, no han tenido nada que envidiar -a nivel informativo- a la España nacional-católica, pero en plan compadre. En uno de esos programas de la tarde se dedicaron a recorrer los sitios donde, otrora, el nuevo pontífice estuvo en España. Es más, se elevó a la categoría de noticia donde y con quien comió, regado, como con un buen vino, con las percepciones de los comensales que se sentaron a su mesa. 

Lo anecdótico elevado a la categoría informativa, mientras en la emisora de los obispos, la previa al anuncio del nuevo pontífice se asemejaba más que a un medio de comunicación a los grupos de postcomunión de los 80 y 90, con su buena dosis de bonhomía, tono de monja e infantilismo propios de a quienes no les interesa que la fe se razone. Eso sí, la campaña de imagen que se le ha hecho al Papa no está pagada. 

Entre tanto, y bien intercalada, está la campaña a la procesión romana del Cachorro. Ahora gustan hasta las lonas, a los mismos que otrora criticaban duramente a ls “piratas” por lo mismo. El criterio es el mismo, tratar de pobres ignorantes a los lectores, telespectadores u oyentes. Aunque al común de los mortales le interese que el Cristo de la Expiración recorra las calles de la ciudad eterna lo mismo que nada o que, al ver la carpa, no sepa si es para sacar pasos o porque la gira Gigante de Leiva pase por Roma.