A contracorriente | La necesaria vanidad del capataz

Vivimos acostumbrados a una y social que transita desde la falsa modestia hasta la chulería burda (sin argumentos intelectuales esta última, porque es precisamente una demostración de falta de intelecto). 

Y, cuando se encuentra a alguien que adolece de lo primero y es capaz de lo segundo con el toque exacto de vanidad, los sentidos se abren y el incienso les sabe al aroma de la pólvora. 

El humo llameante que queda en el arma tras el disparo fue el discurso de Juanma Cantero en el programa Al Cielo. Habló sin complejos, directo, definitivo en cada frase, que era una sentencia, una herida de bala, una máxima que puede provocar rechazo o pasión, no hay lugar para el término medio. 

El capataz de la Esperanza de Triana no se dejó nada en el tintero; afirmó que su cuadrilla de costaleros es la mejor de Sevilla, con un punto de vanidad medido, pues habló de los suyos y no de sí mismo, aunque se desprende de ello. 

Pero no deja de ser bueno y necesario que los capataces se reivindiquen y huyan de la falsa modestia que tantos practican y que los caricaturiza, restándoles credibilidad y autoridad.