A contracorriente | Pepe Fernández 

La historia de la Semana Santa de Córdoba se escribe con nombres propios. Y, muchos de ellos, son recientes, pues el grueso de la historia de las cofradías cordobesas se ha construido en las últimas décadas.

Y uno de esos nombres es el de Pepe Fernández quien, junto a su hermano Sebastián, construyó un mito, aunque su humildad no le admita reconocerlo. Y ese mérito no fue otro que el ser lo que se conoce como One Club Man, que en su caso es el de haber sido capataz de una sola imagen, la de la Virgen de la Merced, durante más de cuatro décadas. 

Pero la cualidad no es solo esa, sino la de haber construido una cuadrilla de la nada, cuando en Córdoba no había mimbres para ello. La de ser autodidacta y tener el suficiente dominio del ego para ir a aprender de los demás. La de evolucionar con su tiempo para convertir a su cuadrilla en uno de los referentes de la capital. Y, sobre todo, tomar la decisión de dar un paso al lado, el definitivo, cuando estaba en su mejor momento. 

Y es que el mito va mucho más allá de tener un final abrupto, inesperado, sino el de llegar a tomar la decisión en el momento en que todos te recordarán en tu cenit y tú, entre tanto, te revestirás con el anonimato que otorga, como una gracia, la túnica, con la que nadie te verá ni discernirá cada sentimiento latente durante la estación de penitencia. 

Mañana, la primera parte de la entrevista que ha concedido a Gente de Paz verá la luz y, en la misma, podrán descubrir que la ciudad le debe mucho a esos héroes que hicieron de la necesidad virtud y de su amor por el costal una forma de vida. Y en él se resumen esas cualidades, en Pepe Fernández.