¿Quién lo hubiera dicho hace unos años? Seguramente, nadie ¿El qué? La Semana Santa en una fecha fija ¿Quién? La opción saltó a lo público con el anterior pontífice ¿Cuándo? Entre abril y mayo, si la Iglesia Católica lo asume para hacerla coincidir con la Pascua Ortodoxa.
Esas son las preguntas, las respuestas, las premisas que puede que lleguen más pronto que tarde. Así, lo de la Luna de Nissan será cosa de rapsodas antiguos y nos adaptaremos a los tiempos.
Una adaptación curiosa, la de una iglesia que en otros apartados ni avanza ni se la espera, pero que estableciendo una fecha fija para la Semana Santa hará las delicias de los touroperadores y de los gobernantes.
Al margen de la conveniencia y de las trabas, estas se superarán porque todo llega de forma gradual y el respetable se acostumbra a casi todo (no hay más que ver los telediarios de hace cuatro años y los de ahora).
Sin embargo, no es menos cierto que esa alteración de la tradición que ya está sobre la mesa no deja de ser una muesca más de hacia dónde vamos, del camino perdido que en cada ejemplo se aprecia.
Y es que en una época de procesiones todo el año, que la Semana Santa acabe en mayo es el menor de los problemas.





