Como buen simpatizante del Real Madrid, y Mourinhista, nunca olvidaré aquella noche fría madrileña cuando este señor salió en rueda de prensa tras aquel partido de Champions League contra el Barcelona.
Frente a él, medios nacionales, pero también internacionales, aquello dió la vuelta al mundo. Ah, aclaro que simpatizante del Real, pero socio del equipo de mi ciudad.
Mourinho no hizo más que dar nombres, partidos, jugadas, decir no entender algunas actuaciones arbitrales, y podría o no tener razón, para mí, lógicamente, la razón completamente, pero el caso es que ya hay veces que se llega a un hartazgo, o se llega a una impotencia, que lo mismo era por volver a perder, pero impotencia al fin y al cabo.
En la Semana Santa también tenemos muchos porqués, en esta, en la otra, siguiendo el símil futbolístico, en todas las ligas se cuecen habas, pero últimamente los porqués en el mundo de la costalería llevan a mucho hartazgo, y a mucha impotencia, y a muchas explicaciones que no se encuentran y que en cambio, hay silencios que encima de la mesa no dejan más que dimes y diretes. Quizá prefieran esto último, a la hora de esconder algunos ceses caprichosos o por simples desavenencias personales.
Como a fuego grabado siempre ha dicho el Maestro Lorenzo de Juan, una Junta de Gobierno es sagrada, y así mismo son sus decisiones, soberanas, hay que acatarlas, y ya, no hay más. Pues eso. Acatemos, pero quizá algún día cansen tanto al personal, que tengan Juntas de Gobierno que ponerse un costal y soltar la vara.
Mi admirado Rafael Muñoz Cruz en una entrevista de las más bonitas y mágicas que he podido hacer en este mundo de las cofradías, en la Hermandad de la Paz, solos, con una grabadora de las que se utilizaban para grabar hasta los discursos de la guerra civil, pasé una noche con un hombre muy capataz, pero sobre todo, humano, claro, transparente.
Me dijo Rafael, que cuántos y cuántos y cuántos días, cuántas noches, perdía el tiempo de estar con su padre, y su familia, porque a Rafalito Muñoz es que lo llamaban de todos los lados, y de aquí, y de pueblos, y de allí, a allá, a igualás, a ensayos, a reuniones en tabernas, y sino, con Juntas de Gobierno.
Esto sigue pasando. Pero aunque sea a un solo capataz al que le pase, y que solo saque una cofradía.
Si mañana, cuando este hombre lleve aquí años en reuniones para la mejora de la Hermandad, en ensayos, con problemas porque los costaleros nunca estamos de acuerdo, días de funciones de regla, salidas extraordinarias, con ensayos extraordinarios, solidarios, Vía Crucis, Rosarios, y hasta Misa del Gallo, si se tercia y tiene unas palabras con un miembro de Junta, que encima no lleva razón, ¿Automáticamente sentenciado? ¿No hay nadie que mire lo humano y a la persona? ¿De verdad? ¿La confianza? ¿Todo han sido abrazos y besos de Judas?
Esto ocurre, ¿por qué?
Cuando un capataz ha cumplido y con creces, cuando un señor ha dado todo lo que tenía en una Hermandad y sin ser de la misma, tomándola de la mano como si fuera su mismo retoño, ha luchado por engrandecerla, ¿También lo podemos tirar a la calle porque ha dicho que no va a obligar a hacerse hermano a todos los costaleros?
Esto, también ha ocurrido, o así nos lo han contado. ¿por qué?
Capataces que han cumplido de más, han estado los cuatro años con una Junta, mandato completo, y ahora vuelven a salir elegidos y los cesan sin mediar palabra. Resulta que también le había dicho que sí al otro candidato que pretendía el poder, que él continuaría al frente de la cuadrilla. Pero hermanos míos, si el otro candidato, lo que te está a ti es dando la razón en tu acierto, en la confianza en esa persona, criatura de Dios, si lo que deberías es de estar orgulloso.
Pero, lo lanzas, ¿por qué?
Un capataz en Córdoba pudo no haber grabado su nombre en letras de oro, marcar una época épica y dorada, porque a unos señores se les ahumó el pescado y lo cesaron nada más terminar la procesión por entrar al Señor a tambor.
No contaron que llevaban toda la noche mandando que sin música, menos música, más andar que viene la Virgen, y que la Virgen es mucha Virgen, y venga, y dale, y toma, y si no es por Fray Ricardo de Córdoba, ese capataz hubiera recibido tanto deshonor como honores merecía por aquel trabajo hecho en aquellos años, nada comparado con lo que ofreció después, he ahí su sello, su sueño, el de muchos ,y lo que persigue la gente a día de hoy por las calles para ver y disfrutar.
¿De verdad hay tanta soberbia? ¿Por qué?
Hay capataces que como siempre, vendiendo a su madre por un martillo, ya es que no miran ni que ese día sale su Hermandad y están a ver si les cae algo de uno u otro sitio del mismo día.
¿Tanta falta les hace? ¿Por qué?
Cómo nota agradecida, o como dicen ahora muchos sinvergüenzas que me están llamando con el cachondeo, la zanahoria se la llevan capataces que estaban escondidos, que siempre se ven las mismas cabecitas saltando pidiendo el sitio, y por ejemplo, ahí tienen al Señor Capataz del Señor de Córdoba, ambos en mayúsculas, y no hablaré ya cómo es la persona.
De la casa, sin sorteo público al mejor postor, al amigo que le debemos el favor, nada de capataz de renombre, y el Señor de Córdoba, lleva un aire nunca visto en la calle.
A este no lo han echado, ni espero lo echen. Aquí tengo otra pregunta, porque me gustaría verlo delante de un palio. Como me enteré de que a Javier Santiago, con las ganas que tengo de verlo mandando uno, le ofrecen un palio y dice que no, también le diré, ¿Por qué?





