A contracorriente | Una procesión más especial que la Magna

La cuenta atrás, al menos para el gran público, comenzó desde su anuncio. Córdoba iba a vivir una magna y, pese a que los precedentes del acontecimiento eran cercanos (de la de los nazarenos se van a cumplir seis años), las ganas del cofrade de este tipo de acontecimientos estaban intactas. 

De aquella magna del 19 hubo precedentes en forma de extraordinaria, como la de Humildad y Paciencia un año antes, que además unió (en algunos momentos de forma literal) a las bandas de La Salud de la capital cordobesa y a Rosario de Cádiz. Todo un hito aquella procesión, aunque las motivaciones -como casi siempre en estos casos- se podrían considerar discutibles. 

La Magna del Beato Álvaro (su instauración del vía crucis en Occidente hace 600 años es el justificante) traerá además precedentes tan cercanos como las de Priego de Córdoba (celebrada esta Cuaresma) y la de Lucena (que se realizará días antes), sin olvidar que de la de Sevilla no se habrá cumplido ni un año. 

Y entre tanto antecedente fastuoso, apenas un mes antes del evento habrá otro que, sin el altavoz del número de imágenes participantes, bandas, capataces y pruebas de carrera oficial será de una relevancia superlativa, pues supondrá el refrendo al trabajo elaborado casi desde el anonimato. 

Ese punto de brillo en una esquina apartada del universo cofrade lo dará la Hermandad de la Soledad, con la imagen de la Virgen que magistralmente esculpiera Luis Álvarez Duarte. 

Será un rosario y, si bien es cierto que su carácter tendrá la connotación de extraordinario, el cincuentenario de la cofradía del Viernes Santo no ha dado, afortunadamente, para perder la cabeza por el amor a una procesión de doce horas, misa catedralicia incluida, y paseo entre propios y turistas por el centro de la ciudad. 

Es difícil sustraerse (y que salga bien) al tiempo al que uno pertenece y tomar el camino propio. La Soledad parece haberlo conseguido y, aunque su rosario extraordinario tendrá algunos de los ingredientes propios del evento que todos esperan, otros sorprenden en un equilibrio entre lo establecido y la novedad. Aunque esta última sea volver a lo que hubo siempre.  

Así, el piadoso acto no se diferenciará en varios aspectos de una procesión, pero la denominación y la esencia del mismo ya son sintomáticas. Además se podrá disfrutar de una estampa singular, como lo será contemplar a la Virgen de la Soledad bajo palio. Y, para rematar, el cortejo discurrirá por las calles de un barrio que, en pocos años, ya es suyo, sin necesidad de salir en busca de otros enclaves como los mencionados. 

Será el 13 de septiembre, a un mes de la Magna y con las ganas por estrenar  más celebraciones de este calado.