A contracorriente | Y si pasara en la Magna

Un mes y dos días. No es una condena, sino el tiempo que falta para que Córdoba viva su magna, la del Beato Álvaro, la de los 34 pasos surcando sus calles hacia la Catedral, la de los varios días de regreso a los templos.

Y mientras el calendario marca su particular cuenta atrás, una procesión -un momento de la misma- dejaba una reflexión sutil, de esas que antes de la era digital, la democratización de los eventos y de la multidifusión de contenidos (que en cofradías se retroalimentan a base de extraordinarias) pasaban desapercibidas.

Fue durante la procesión de la Fuensanta, poco después de la salida de la Catedral, cuando el cortejo enfilaba la calle Cardenal González. Entre la sucesión de estandartes (retomados del pasado, lejano pero inmediato, del Corpus), un pequeño corte.

Eran apenas veinte, quizá treinta metros los que se quedaron baldíos. Y serían cinco, quizá seis los minutos de espera. Poco, si no te da por multiplicar por treinta y tres, pensando en ese primer retraso, y que te salgan los minutos acumulados si eso pasara en la Magna.

Seguramente no sucederá y todo irá clavado. Y, de producirse, tampoco importará en esa jornada de sobredosis de piedad popular. Pero me dio para en ese… y si pasara en la Magna.