A las puertas de la Pasión

Llegó el ansiado día, es la víspera de la Semana más larga – y más corta – del año. Díez días en los que la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor serán protagonista en nuestras calles entre silencio en algunos casos, y la devoción popular en otros, entre cantos de saetas y vivas a las imágenes que desde pequeños les enseñaron a rezar.

Salen a las calles tronos y pasos engalanados para mayor gloria de los titulares que en ellos van, donde la espera de un año haya merecido la pena. Rodeados de flores, aroma a incienso y primavera, Ellos son los protagonistas, los que merecen auténticas bullas acompañándolos por las calles. Acompañándolos y rezando, porque no se nos puede olvidar el verdadero sentido de las procesiones, ser testigos de la fe y dar muestra pública de ella.

Llegó la hora de las Vísperas, con su sabor a barrio, de rosarios en manos agrietadas por el paso del tiempo, mientras una vela ilumina sutilmente su andar por su pueblo. Llegó el día de demostrarle a aquellas personas que nos quieren ver desaparecer, agachen la cabeza y asimilen que nuestra fe, por mucho que lo intenten, es inquebrantable.

Es hora de dejarnos la suela del calzado siguiendo la estela de la música, de tambores, cornetas, trompetas y timbales, de instrumentos ancestrales como carracas, simulando la oscuridad tras la muerte del Señor en el Calvario.

A tomar las calles entre oraciones hechas susurro, a la búsqueda del cortejo de Nazarenos, que tras ellos vendrán Ellos.

Llegó el día, y no puedo más que desear sol, y que la espera, que ha merecido la pena, se nos haga eterna… o por lo menos esa sensación nos dure hasta el Viernes de Dolores de 2020. Como dijo el pregonero… ¡A la Gloria!