A raíz de mi último artículo, en el cual decía que el mundo de la Semana Santa, como otra faceta más de la sociedad, también lo es de idas y venidas en muchos aspectos, como lógicamente ocurre, he podido comprobar como va funcionando todo esto.
Decía en este que, muchas de las procesiones que tienen lugar de nuestra geografía, por no decir la gran mayoría, van acompañadas de música, de bandas, las cuales hacen un servicio a una hermandad, por el que reciben una cantidad económica a cambio de estos. No obstante, hay un aspecto que es fundamental, en muchos casos, pero el cual no debería serlo: el papel del costalero; y me explico. En pleno 2024, hay cuadrillas de costaleros las cuales quitan y ponen a su antojo. Y si no es así, van de la mano con algún alto cargo de las hermandades, los cuales quieren su máximo poder, incluso condicionando la continuidad de los dichas cuadrillas, lo cual supondría un mal más mayor que prescindir de los servicios musicales que no son del gusto de algún don nadie con complicidad costaleril. Dicho lo cual, muchas bandas se ven desplazadas porque a las cuadrillas, así como figuras «don nadie» con complicidad con estas, así lo deciden en «petit comité», viéndose obligadas muchas hermandades a adoptar algunas decisiones.
Dicho lo cual, y dejando a un lado esto, también me viene a la cabeza una cuestión bandística: ¿Qué ha hecho la Salud de Córdoba para estar tan en el punto de mira sevillano? Mi respuesta es «tocar bien y no ser de Sevilla», ¿y la vuestra? No me vale la prepotencia personal de algunos componentes como se habla, porque de esos los hay a puñados en todos lados.
Nos queda un verano donde la verdad será las que no todos decidan.





