El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Al rescate de una antigua hermandad

Cuando Sevilla se convierte en puerta del nuevo mundo el trasiego en el muelle era tal que apenas podía uno colarse entre la multitud. Llegados de cualquier parte de Europa embarcaban hacia un continente tan desconocido como inquietante. Del otro lado del océano llegaban historias sobre seres con varias cabezas, de humanos que poca apariencia guardaban con lo visto hasta entonces y de monstruos que despedazaban todo lo que encontraban a su paso. Por no hablar de las leyendas en los mares, entre piratas, corsarios y dragones que hacían de la travesía un lugar de todo menos tranquilo.

En aquellos albores era común las advocaciones a las que se acogían antes de partir hacia un continente apenas explorado. Las hermandades que surgen a las orillas del río son un haz de luz para quienes marchaban, que se postraban ante sus titulares implorando protección. A mediados del XVII, en una ciudad cuyo puerto estaba a la altura de otros europeos, se ejecuta la Virgen del Buen Viaje, una dolorosa que vino a sustituir a la anterior, titular de una cofradía que se funda en 1596 por maestres —encargados de que el estado del navío fuera el óptimo antes de partir, así como de los aspectos económicos y de intendencia—, engrosando sus filas gente que había llegado desde las Indias y donde figuraban destacadas personalidades vinculadas al mundo del mar como capitanes. El crucificado, advocado del «Socorro» se encuentra actualmente en la capilla sacramental de Santa Ana, templo donde radica también la dolorosa, un extraño capítulo de hermandades extinguidas donde ambos titulares permanecen en el mismo lugar sin que ninguno de los dos haya sido pretendido por alguna hermandad como sucediera en otros casos.

Desde hace varios meses un grupo de fieles pretende rescatar del olvido tales devociones, iniciándose las conversaciones con el párroco a fin de que la corporación recupere el esplendor perdido. Cuando uno lee en diversas obras la riqueza de la corporación se extraña de que finalmente quedara en el olvido y precisamente un grupo de trianeros espera no solo darla a conocer sino intentar que ocupe el lugar que ya hiciera siglos atrás.

Entre las primeras actuaciones, si finalmente las conversaciones con el párroco llegan a buen puerto, la revisión del estado de las imágenes titulares así como del San Juan Evangelista que se conserva. El grupo de devotos pretende también rescatar del pasado la nomenclatura de las Tentaciones de Cristo, ya que 13 de febrero de 1660 se fusiona la del Buen Aire con la de la Tentación de Cristo, hecho que resultó favorable tras el beneplácito del cura de Santa Ana y el arzobispo de la ciudad.

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