Diálogos Cofrades con Alejandro Aguilar | Antonio Capdevila: «Ser cofrade es vivir un compromiso cristiano, no una afición pasajera a la Semana Santa»

Antonio Capdevila es uno de los grandes referentes del mundo cofrade cordobés. Historiador de formación y cofrade de vocación, ha sido pregonero de la Semana Santa en dos ocasiones y también del tiempo de Gloria, dejando siempre una impronta de profundidad y belleza en sus palabras. Este domingo hemos compartido un nuevo encuentro de Diálogos Cofrades con él, en el que hemos repasado su trayectoria, su visión del presente de las hermandades y el papel de la fe en el seno de las cofradías.


-¿Cuándo y por qué comenzaste tu andadura como hermano de la Hermandad de la Expiración, y qué te atrajo en un primer momento?

A lo largo de los años 80’ compartí una gran amistad con personas que eran hermanos de la Expiración, como mi compadre Paco Herrera o Manolo Gavilán, que en paz descansen, o Rafa Rodríguez Vivas, desde aquellos años un hermano con el que he vivido los mejores y también los momentos más difíciles de mi vida. Esto me llevó a frecuentar San Pablo o a asistir a los ensayos de sus cuadrillas. En 1987, tras pronunciar el pregón de Semana Santa de Córdoba –en aquel momento yo era hermano de la Buena Muerte y del Huerto-, el hermano mayor, Pepe Flores, me invitó al perol de costaleros en Los Villares y ese día rellené la solicitud de alta en la Hermandad; desde ese momento me convertí en un hermano activo y ya en la siguiente Semana Santa, tras hacer estación de penitencia con la Cofradía de San Hipólito en la madrugada, vestí por primera vez la túnica y, gracias a Dios, nunca he dejado de hacerlo.

«Hay muchos dispuestos a disfrutar la Semana Santa, pero no tantos a trabajar por hacerla más grande»

-Formas parte de la Hermandad de la Expiración, aunque tu Hermandad de cuna es la Buena Muerte. ¿Qué destacarías de ella?

La Buena Muerte era la Hermandad a la que pertenecieron en su momento mi padre y mi familia materna, a través de su vinculación con las Congregaciones Marianas; ese mismo camino seguimos tanto un servidor como mis hermanos y pronto me impliqué en ella. Ten en cuenta que no había cumplido veintitrés años cuando fui elegido Hermano Mayor y ya antes había sido Diputado de Cultos y Teniente Hermano Mayor en dos Juntas de Gobierno anteriores. Dejé de pertenecer a la Cofradía por una historia que no viene al caso en los primeros 90’, cuando era ya Diputado Mayor de Gobierno en la Expiración –en los estatutos de entonces se llamaba Mayordomo de Procesión-, pero nunca he dejado de rezar ante sus pasos en las madrugadas procesionales. No podría destacarte ningún elemento interno actual, por simple desconocimiento, pero sí su fidelidad a una forma de hacer estación de penitencia, un estilo propio que la identifica y que se ha mantenido prácticamente desde su etapa fundacional.

-Como Vicehermano mayor de la Expiración, ¿cómo valoras el estado actual de la corporación?

Si dijera que excelente o algo por el estilo, parecería tal vez exagerado y sin duda pecaría de inmodestia por razón del cargo que desempeño en la actualidad gracias a la confianza de mi amigo y hermano mayor Rafael Infantes. Creo que es una Hermandad viva, en la que se ha hecho mucho y aún resta también mucho por realizar, tanto en el terreno de la conservación patrimonial como, sobre todo, en la tarea de vivir cada día con mayor profundidad nuestra fe, por encima de diferencias puntuales y unidos todos en el amorm en nuestros Sagrados Titulares.

«Me encantaría que mi experiencia sirviera para enseñar a los jóvenes el verdadero sentido de ser cofrade»

-En 1987 fuiste pregonero de la Semana Santa de Córdoba, destacando por tu uso de versos octosílabos, algo innovador hasta entonces. ¿Qué tal fue esa experiencia y qué buscabas transmitir con ese estilo poético?

En el momento de mi designación como pregonero por la Junta de la Agrupación que presidía Manuel Laguna yo ya había acumulado cierta experiencia en el terreno de la pluma y el atril, desde seis años atrás. Mi nombramiento se entroncó en un momento de cambio en el que se apostó por un perfil diferente a la hora de escoger a los encargados de pregonar oficialmente nuestra Semana Santa y en el que yo encajaba tras predecesores en esa línea como Fran Mellado, Fray Ricardo o mi amigo Antonio Varo, y que se mantuvo, creo que afortunadamente en los años inmediatamente posteriores. Fue una experiencia maravillosa, uno de los momentos más gratos de mi vida cofrade, aunque confieso que un tanto impresionante, porque fue el primero que se pronunció tras la restauración del Gran Teatro y estaba prácticamente lleno. Y en cuanto a lo del verso, permíteme una precisión; al margen del manejo que pudiera hacer de él, que no soy quien deba opinar de ello, yo ya tenía referentes, como los cuatro de Montero Galvache en nuestra Semana Santa o, sobre todo, el de Rodríguez Buzón en la de Sevilla de 1956, así que nunca me pareció algo tan innovador.

-Volviste a participar en el histórico pregón coral de 2019 junto a Ángel María Varo y Miguel Ángel de Abajo. ¿Cómo fue compartir cartel con ellos y qué aporta ese formato a la vivencia cofrade?

Como aportación, quizá la oportunidad de demostrar que algo que se tiene como propio de un proceso de creación individual, podía hacerse de forma colectiva, integrando tres perspectivas diferentes en un sentimiento común, favorecidos porque en realidad éramos tres amigos que desde nuestra juventud habíamos amado la Semana Santa y con realidades que compartíamos, como podría ser haber pronunciado ya los tres con anterioridad el Pregón o soportado mucho más jóvenes la responsabilidad de servir a una Hermandad como hermanos mayores. En cuanto a cómo fue, en primer lugar, te diría que inesperado; en segundo, una oportunidad de vivir momentos de camaradería y convivencia entrañables. Y una confesión: todavía compartimos los tres, junto a Paco Gómez Sanmiguel, el presidente que se atrevió a poner en marcha esta experiencia, un grupo de Whatssap que se llama “Pregón de Semana Santa” y que sobre todo nos sirve para quedar con cierta regularidad para tomarnos juntos una copa de vino y “ponernos al día” en materia cofrade.

«Nunca he dicho que no a un pregón: lo he hecho siempre desde el compromiso y el altruismo»

-Has sido, también, pregonero de las hermandades de Gloria, en 2021. ¿Cómo te dieron la noticia de ser pregonero y qué significó para ti ese momento en la iglesia de San Pablo?

Lo de darme la noticia tiene su historia; en un rato de cervecita cerca de la Agrupación, dónde ensayábamos la puesta en escena del Pregón a tres voces, se me ocurrió comentar, prometo que sin ninguna intención, que tal vez el de Glorias era el marco adecuado para que alguien se atreviera a innovar haciendo un Pregón en el que la prosa no tuviera cabida en ningún momento. Seis meses después Paco, que estaba ya en los meses finales de su segundo mandato como Presidente, me llamó riéndose para decirme que me iban a dar la oportunidad de hacer lo que había dicho meses atrás. Iba a ser el Pregón del año 2020, pero la pandemia lo retrasó un año, hasta abril de 2021. Pronunciarlo en San Pablo fue como hacerlo en mi casa, ya con Olga como presidenta, y delante de un buen número de mis hermanos de la Expiración, pero también un tanto extraño, con asistencia limitada, mascarillas, distancias de seguridad y yo mismo aún un poco tocado tras mi estancia hospitalaria a causa del dichoso covid.

«La historia está presente en todos mis pregones; la formación cofrade necesita raíz y contenido»

-¿Qué es lo más complicado a la hora de hacer un pregón?

Para mí, los primeros instantes, cuando te enfrentes al folio en blanco e intentas ordenar las muchas ideas que te vienen a la cabeza. Una vez definida y clara la estructura y lo que pretendes decir, viene el proceso de ponerte en el lugar de la audiencia, un ejercicio de empatía para sentirte uno más de quienes lo van a oír, en búsqueda de la conexión que siempre debe existir en el pregonero y quienes tienen la amabilidad de escucharle. A partir de ahí ya todo va fluyendo. Y una cosa, cuando una Hermandad a la que no pertenezco me pide un pregón o cualquier tipo de exaltación, siempre procuro visitar en soledad a sus Sagrados Titulares y atreverme a charlar un ratito con Ellos.

«A las hermandades les falta creerse de una vez la valía de lo que ponemos en las calles»

-Entre tus más de 70 intervenciones como pregonero, exaltador o conferenciante, ¿hay algún recuerdo o anécdota que consideres particularmente inolvidable y que refleje tu espíritu cofradiero?

En lo que atañe al espíritu cofradiero, siempre procuro que impregne lo que escribo y lo que digo desde un atril. Respecto a anécdotas, uno ya es mayor y le ha pasado casi de todo. Dos muy rápidas: de la primera no te digo nombre, pero sí te cuento que un hermano mayor, tras un Pregón en su Hermandad –entonces aún no ocupaba ese cargo- vino a preguntarme muy intrigado si era verdad eso de que para hacer poemas teníamos que contar sílabas; en cuanto a la segunda vino de alguien a quien tú conociste muy bien a nivel personal y en el que ahora profundizas por tu trabajo como investigador: fray Ricardo de Córdoba. Al finalizar el Pregón coral de 2019 y antes de subir a la cena posterior, se me acercó, me dio un abrazo entusiasmado y, tras confesarme lo que había disfrutado, me dijo sonriente: “sólo te voy a poner un pero, y es que no sabéis el orden en el que hay que servir la comida, porque primeros habéis puesto el postre y luego echado los huevos”, todo ello en alusión a que a mediados del Pregón habíamos introducido el tema de la torrija y fue al final cuando incluimos reclamaciones muy duras ante las autoridades políticas presentes.

-Has sido profesor de Historia, ¿cómo integras tu formación académica en tus pregones y en la dirección cultural de la Hermandad?

La historia siempre tiene alguna cabida en prácticamente todos los Pregones que me han solicitado y, lógicamente, es el eje central de los temas que desarrollo en las conferencias que me solicitan. Lo poco que ya hago para medios de comunicación, es precisamente una tertulia histórica en PTV; y en mi Hermandad siempre apuesto también porque el conocimiento histórico sea uno de los ejes de la formación cofrade.

-Desde tu experiencia, ¿qué valores debe tener un cofrade que consideras esenciales y cómo se transmiten hoy dentro y fuera de las hermandades?

Vivimos en una sociedad complicada, llena de contradicciones, algo a lo que no escapa el mundo de las Cofradías. Parece estar en un momento álgido, de cierta efervescencia, pero el coleccionismo, las tabernas especializadas, las tertulias diversas, la pasión costalera, la eclosión de las magnas o los desplazamientos continuos a otras ciudades donde vivir aspectos de otras Semanas Santas -que todo son cosas que están bien, dejemos esto claro para que no haya malas interpretaciones-, creo que para ser un buen cofrade, y tener derecho a creerse así, hay que, al menos, intentar ser un buen cristiano, vivir nuestra fe y, fortalecidos en ella, darnos a los demás en todo lo que podamos, siempre confiados en el auxilio que nos prestan nuestros Sagrados Titulares. Son esos valores sencillos, que debemos cultivar y en los que hemos de profundizar en todos los ámbitos de nuestra vida y, como es lógico, también en el seno de nuestras Cofradías.

-Durante años has estado implicado en los medios de comunicación (radio, televisión…) comentando la Semana Santa y formando a cofrades. ¿Cómo ves la evolución de la Semana Santa en Córdoba en las últimas décadas? ¿Qué le hace falta?

Una evolución muy positiva en lo material y no tanto en lo que es el compromiso de trabajo continuo en el seno de las Hermandades y en el convencimiento de su validez como ámbitos adecuados para vivir nuestra fe. Hay muchos dispuestos a disfrutarla, pero no tantos a trabajar por hacerla más grande cada día, como prueba, por ejemplo, las dificultades que no pocas Hermandades encuentran para encontrar miembros que se presenten como hermanos mayores o la menguada asistencia a todo lo que no esté conectado directamente con esos aspectos “efervescentes” que antes te comenté y tan de modo están. En cuanto a lo que le falta, un mayor compromiso de muchos hermanos con sus Cofradías y, en otra dimensión, que nos creamos de una vez la valía de lo que ponemos en las calles cada Semana Mayor y nos dejemos de complejos ante influencias ajenas.

«Pronunciar el pregón de Semana Santa en 1987 fue uno de los momentos más gratos de mi vida»

-¿Qué proyectos te gustaría impulsar en un futuro en el seno de tu hermandad, o en tus futuras colaboraciones como historiador y pregonero?

Como historiador, estoy colaborando en la elaboración de un inventario razonado del patrimonio material de mi Hermandad de la Expiración e investigando, sobre todo para mejorar mi formación, en algunos temas que me han interesado en los últimos meses, como, por ejemplo, la realidad de las Hermandades de Gloria, que me resultan muy interesantes; como pregonero, no me planteo ningún tipo de proyecto aunque, como siempre he hecho desde pronto hará cincuenta años, jamás he dicho que no a quien me ha requerido para desempeñar esta misión que siempre he hecho desde el compromiso y el altruismo totales. Y en mi Hermandad, seguir colaborando en todo lo que se me requiera dentro de la Junta de Gobierno y me encantaría que la experiencia que los años ya me han dado pudiera servir para hacerle llegar a los más jóvenes lo maravilloso que es sentirse cofrade, pero también el compromiso que hay que aceptar para serlo de verdad.

-Finalmente, ¿qué mensaje querrías transmitir a quienes lean esta entrevista sobre la fe, el amor y lo que significa ser cofrade en estos tiempos?

Pues que, aunque conscientes de nuestras limitaciones y de lo poco que somos, todos tenemos en las capillas de nuestras Hermandades unos Titulares que nos esperan y que nunca nos abandonan; por eso no debemos tener duda alguna en acudir a Ellos, porque es ahí donde el verdadero cofrade puede encontrar la fuerza para ser cada día un poquito mejor y para asumir el compromiso de darse en todo lo que pueda a los demás. Ser cofrade no puede limitarse a coleccionar estampas, sacar pasos, vestirse la túnica una vez al año o poner marchas en el coche; eso es que te gusta lo que tiene que ver con la Semana Santa; ser cofrade es estar convencido de que tu opción por las Hermandades es una vía cierta para vivir un compromiso cristiano, una experiencia de amor y fe. Y es también esa cosa tan rara que no sé cómo explicar, pero que nos hace esperar como un niño ilusionado cada noche de Reyes que llegue, año tras año, un nuevo Domingo de Ramos.