Armando el Belén

Yo soy aficionado a muchas cosas, por eso no hago bien casi ninguna. En estas fechas, hace años, muchos años, concretamente en el puente de la Inmaculada, recuerdo preparar las figuras de ese pequeño belén que había en casa. Ese belén que guardaba mi abuela en páginas de periódicos y que, no se sabía como, pero siempre aparecía alguna figura rota.

Era especial decorar la casa junto a la familia, en este caso, en la de mis abuelos era mi abuela y en la mía, mi madre. Recuerdos de esos besos a la figura del Niño Jesús que había en la parroquia tras el día de Navidad, al lado de ese belén monumental. O cuántas veces íbamos en familia con mi tía a las funciones del belén viviente que se hacía en mi ciudad.

Costumbres que se pierden en pos de una progresiva eliminación de todos los elementos religiosos, no vayan a acusarnos de ser fachas sólo por ejercer la libertad religiosa en espacios públicos. Lo bueno, es que lo que los de arriba dejan de hacer, la gente de a pie no deja de visitar los belenes de las iglesias y de aquellos lugares que gracias a la labor de los belenistas mantienen viva la tradición de representar la Natividad del Señor.

No dejen de visitar junto con sus hijos los belenes que tengan cerca, no dejen de montarlos en casa, aunque sea, como yo, apenas las figuras de la Sagrada Familia y los Tres Reyes Magos. Vivamos el Adviento con la Esperanza que nos han dado estos días de atrás.

La Navidad, aunque haya llegado a ser una fiesta del consumismo globalizado, no deja de ser celebrar con la familia, en torno a un pesebre, la llegada de un tiempo mejor. Armen el belén, disfruten de la Nochebuena, de la Navidad, yo, por mi parte, les espero la semana que viene, antes de acabar el año, sean felices, que lo pasado no se puede recuperar.