Así es el «nuevo» paso de la Virgen de Valme

La Hermandad de Nuestra Señora de Valme, Patrona y Bienhechora de Dos Hermanas, ha culminado la reforma y adaptación que acometerá en el paso en el que procesiona la Santísima Virgen en el aniversario de su coronación, 23 de junio, cada vez que cae en sábado. La iniciativa se presentó a partir de una propuesta de la junta de gobierno de cara a la conmemoración del cincuentenario de la coronación canónica, que está teniendo lugar en 2023.

El proyecto lleva el diseño del artista sevillano Francisco Javier Sánchez de los Reyes, adaptando los elementos de orfebrería del paso actual para configurar un templete de estilo gótico, más proporcionado y acorde a las dimensiones de la imagen de la Virgen. El proyecto ha sido fruto del trabajo del Taller de Orfebrería Juan Lozano y el Taller de Bordados Santa Clara.

El paso de ‘tumbilla» antes de la reforma

El paso procesional de Nuestra Señora de Valme fue realizado y estrenado en el año 1990, coincidiendo con el XVII aniversario de su coronación canónica. Es de estilo gótico, acordes con la cronología y época de la imagen de la Virgen. Se trata de un paso ‘de tumbilla’, la cual apoya sobre cuatro varales gruesos, con cresteria, peana, cuatro jarras y molduron. Todos estos elementos están artísticamente labrados en plata de ley.

El diseño inicial no reflejaba a escala la imagen de la titular, ofreciendo sobre el papel una sensación de que quedaba enmarcada y armónicamente integrada en el conjunto. Sin embargo, al materializarse aquel diseño, el resultado final del encaje de la imagen en el conjunto del paso no fue exactamente el mostrado en el boceto, dando lugar a que la Virgen quedase un tanto perdida en el amplio espacio acotado por los varales y la tumbilla, además de estar asentada sobre una peana con un volumen algo desproporcionado.

Teniendo en cuenta estos aspectos, y a fin de resolver la problemática observada, el proyecto de reforma y adaptación trata de enmarcar armónica y proporcionalmente a la imagen en el conjunto del paso, con un efecto más cercano al boceto original de 1990, y atendiendo a la experiencia acumulada desde su estreno. Se mantiene, lógicamente, su impronta gótica, aprovechando todos los elementos de orfebrería, modificando otros, añadiendo algunos nuevos y reordenando el conjunto, para que la venerada imagen destaque por encima de todo y resulte más realizada en el paso procesional.

El «nuevo» paso

El proyecto contemplaba el cambio de tipología del elemento que cubre la imagen de la Virgen: de una tumbilla se pasa a un templete aéreo; es decir, abierto y estilizado, con un cupulín señalado tan solo por nervaduras o costillas que marquen sus ejes. Este templete aprovecha el actual moldurón superior y la cresteria de la tumbilla, al que se añaden, a modo de lambrequines o guardamalletas, unas caídas de pequeño tamaño que combinan los febreri a gótica con unos paños textiles con los escudos de Castilla y León. Las nervaduras o costillas del templete serían del mismo estilo, al modo de los arbotantes, y remataría en un doble floron que haría las veces de ‘clave’ de la fingida cúpula.

El templete resulta de reducir el espacio actual acotado por los varales, acercándolos a la imagen y desplazando los de su actual ubicación a eje con las patas del paso. Se sientan sobre un ‘plinto’ o base de una nueva ejecución, que delimita el templete en sí y lo diferencia del resto del conjunto del paso, además de servir de elemento sustentante si se quiere instalar el templete en algún altar o montaje para culto interno. Sobre ese plinto o base se ubica la peana de la Virgen, resultante de reducir en altura y volumen la actual. Encima de esa peana iría colocado un ‘peanín’ de nueva factura y pequeño tamaño, que resuelve la amplitud de medidas que sigue teniendo la superficie de la peana principal para colocar la imagen, ganando con ellos esbeltez todo el conjunto.

Los varales han sido levemente acortados, con la finalidad de no subir la altura del paso en exceso. Para ello, se contempla la sustitución de los basamentos por otros de menor altura; los actuales han sido aprovechados en los candelabros, que se plantean para dotar de una mejor iluminación al conjunto. Estos cuatro candelabros presentan sus siete brazos curvados hacia la Virgen, a fin de acercarle la iluminación en el mayor porcentaje posible, como haciendo la más efectiva, y se presentan con las luces muy juntas, apiñadas y sin coronillas, para concentrar y aportar más luz. Aunque en el proyecto se representan en el lugar donde ahora están situados los varales, se puede plantear acercarlo más al templete, resultando así más armónico el conjunto.

La iluminación se refuerza con dos candelabros laterales de tres luces. Flanqueando estos, van las actuales jarras y, para completar el juego y ofrecer mayor armonía de conjunto, se incluyen otras caras más pequeñas. El moldurón o baquetón de la parihuela se aprovecha tal cual, y los faldones se han hecho nuevos, siguiendo la línea del proyecto originario, con ventanas de malla y broches estilo gótico. La actual reforma completa este imponente altar andante de orfebrería y arte que acoge la bellísima talla de la Virgen de Valme.