Fue en 2020 cuando el imaginero cordobés Alfonso Castellano Tamarit culminaba una dolorosa de tamaño natural, cuya cabeza fue realizada en madera de cedro mientras que el cuerpo está realizado en pino, para una colección privada de Cádiz capital concretamente para el Barrio del Pópulo, bajo la advocación de María Santísima de la Consolación.
Tras su presentación, la dolorosa estuvo expuesta en la Iglesia de la Aurora de Fátima, ataviada por el vestidor cordobés Francisco Mira, utilizando para la histórica ocasión ropa y diadema cedidas por la Hermandad de las Penas de Santiago. Una imagen, catalogada como «bellísima» por Carlos Gómez en Gente de Paz, en una noticia realizada con motivo de su presentación. Gómez afirmaba que era una dolorosa «dotada del peculiar sello, personal e intransferible, del imaginero cordobés, en la que la dulzura matiza el dolor infinito de Madre y, al mismo tiempo, sirve de cauce divino para encontrar el Consuelo, que evoca su advocación, en estos momentos en los que la tribulación embarga el planeta entero».
Hace tan sólo unas semanas la imagen ha acaparado un protagonismo inusitado tras presidir una procesión civil en la ciudad de Cádiz que ha generado cierta polémica y hasta ha provocado el pronunciamiento del Consejo de Hermandades de la ciudad gaditana, manifestándose en contra de su celebración. El asunto, que propició también críticas en el ámbito de la política local, traspasó las fronteras de la Tácita de Plata, ocupando un lugar de privilegio en medios cofrades de otras latitudes, como Sevilla o Córdoba. Precisamente en Sevilla, la cuestión fue tratada con considerable dureza por parte de ciertos periodistas que censuraron la procesión civil.

Con todo, el ataque más despiadado no se circunscribió únicamente a la salida procesional sino a la imagen. Un crudísimo ataque formulado por José Cretario, pseudónimo de un conocido periodista que dirige un famosísimo programa radiofónico de índole cofrade, que denominó a la dolorosa como «adefesio» , añadiendo que se trataba de «todo un atentado contra el buen gusto y el decoro». Saquen sus propias conclusiones y valoren, en el ejercicio de su libertad, con quién están más de acuerdo: con Carlos Gómez, redactor de Gente de Paz, que la adjetivó como «bellísima» o con José Cretario, que piensa que es un «adefesio». Una disparidad de opiniones que demuestra que en el arte, el gusto es subjetivo. ¿Qué opinan ustedes?





