El pasado 6 de octubre tenía lugar la firma del contrato de ejecución entre la hermandad del Perdón y el prestigioso taller bordados de Juan Rosén para la realización de un nuevo estandarte corporativo, cuyas primeras puntadas se presentaron pocos días después. Se trata del gran estreno patrimonial de la corporación de San Roque, una pieza magnífica cuyo encargo emana de la decisión adoptada en junio de 2016, cuando la corporación del Buen Pastor sometió a la aprobación de sus hermanos el diseño de esta insignia, cuya autoría corresponde Abril Vela, quien ya realizara el diseño del nuevo palio para María Santísima del Rocío y Lágrimas que paso a paso va cobrando forma. Junto a esta última novedad, la hermandad del Perdón ha realizado una estación de penitencia el pasado Miércoles Santo colmada de satisfacción al ver concluidos ambos estrenos.
En el proceso de bordado de la nueva insignia se han utilizado las técnicas más clásicas de esa artesanía. Dada la peculiaridad del proyectos, se han utilizado en su realización hilos de oro de calibres muy finos, como son el caracolín, la muestra, el granito, el torzal y la hojilla. El tejido es terciopelo rojo burdeos con técnicas como el cetillo, puntita, ladrillo y rombo. En la obra destaca el escudo que preside la obra, donde resaltan los símbolos, en los cuales se han utilizado las técnicas de muestra armada en cartelas, punto milanés en el paño y bordado en seda a punto corto en el Espíritu Santo.
Todo el conjunto queda enmarcado por una lacería, motivo éste típico del arte hispanomusulmán, realizada en cartulina de granito y muestra, que da pie al sello personal de esta obra: el cambio del fondo textil convirtiendo esta parte en un negativo a lo anterior. En éste, el tisú de oro recibe los bordados realizados en seda burdeos de diferentes tonos para dar una mayor riqueza cromática a la insignia, donde se han utilizado además las mismas técnicas de tejido utilizadas en el oro.
Un diseño que, una vez más, de acuerdo con esa uniformidad estilística, universal y homogénea, se basa en la ornamentación del principal monumento de la ciudad, la Mezquita Catedral, “bajo el amparo del estilo hispano-musulmán y más concretamente en su esqueje califal”. Una pieza que está siendo ejecutada en el taller malagueño de Juan Rosén, y que, si todo se desarrolla de acuerdo con los parámetros establecidos se estrenará el Miércoles Santo de 2018, tal y como subrayase el hermano mayor de la corporación de la Judería, Fernando Castro. De ahí que este próximo 7 de septiembre, durante la procesión de la Virgen de la Fuensanta, sea la última vez que el antiguo bacalao de la Hermandad del Perdón luzca bajo el cielo de Córdoba.
El nuevo bacalao de la hermandad presenta en su concepción dos partes marcadamente diferenciados. Por una parte la faldilla, el tondo y el pico, estos dos unidos por un eje vertebrador, que se bordarán en oro sobre terciopelo color carmesí y por otra la recreación de un fondo a modo de tapiz donde se superponen los elementos anteriormente mencionados. Es en esta zona donde se invierte el juego cromático del bordado tradicional, aplicando el bordado a realce en sedas de color carmesí sobre un fondo de tisú de oro, que pretende evocar las decoraciones musivarias del mihrab, donde las trazas de oro recrean un fondo majestuoso y el color da lugar a las ornamentaciones vegetales y geométricas propias del estilo al que pertenecen.
Detalles todo ellos que convierte a la pieza de una indiscutible calidad artística en su mera concepción que en presenta en el tondo central el escudo de la corporación y ve completada su heráldica con dos alusiones a la sede canónica de la hermandad y a la parroquia a la que pertenece, un guiño a San Roque a través de una pequeña imagen que se encuentra en en la faldilla en un pequeño óculo y la Cruz Trinitaria en el pico, conformada por lacerías inspiradas en los trabajos de las yeserías de la Mezquita, al igual que se le otorgan las tonalidades trinitarias a esta insignia con el uso de sedas azules junto a los soportes de terciopelo encarnado y tisú claro que evocan el contraste de los tres colores que representan a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, este siempre tan presente en la advocación de Rocío con la que tan identificada se encuentra la Hermandad.









































