Así se despide de Córdoba la Virgen del Dulce Nombre

La dolorosa de la Hermandad de la Vera Cruz permanecerá fuera de su sede canónica durante varias semanas por trabajos preventivos encargados a Antonio J. Dubé Herdugo

La imagen de María Santísima del Dulce Nombre en sus Dolores Gloriosos, titular mariana de la Hermandad de la Vera Cruz, ha sido retirada del culto en la jornada de hoy con motivo de la intervención de conservación que se llevará a cabo en el taller del imaginero Antonio J. Dubé Herdugo, hijo del autor original de la talla. La actuación, de carácter estrictamente preventivo, fue aprobada por los hermanos en el Cabildo General celebrado el pasado mes de enero y cuenta con el respaldo de la autoridad eclesiástica.

La Junta de Gobierno ha subrayado el compromiso patrimonial y devocional que implica esta medida, con la que se pretende garantizar la estabilidad y correcta conservación de la dolorosa al cumplirse ya cuarenta y un años desde su ejecución. La intervención no contempla alteraciones sustanciales, sino tareas de mantenimiento y revisión que permitan preservar intacta la impronta original de una imagen que ocupa un lugar central en la vida espiritual de la corporación.

Aunque no se ha fijado aún la fecha exacta de su regreso, la hermandad ha expresado su confianza en que los trabajos se desarrollen con diligencia y rigor técnico, permitiendo el pronto retorno de la imagen a su sede canónica, donde será recibida nuevamente con el fervor que ha concitado desde su bendición.

Una imagen nacida para la devoción de la nueva Vera Cruz

La talla de la Virgen del Dulce Nombre fue encargada expresamente por la hermandad al comienzo de su reorganización en la década de los ochenta, tras quedar descartada la posibilidad de conservar como titular a una antigua imagen venerada en el convento del Buen Pastor. Aunque aquella dolorosa inicial tuvo un importante papel en los primeros pasos de la cofradía, la ausencia de titularidad jurídica motivó su sustitución por una obra de nueva factura, plenamente vinculada desde su origen a la Archicofradía.

El encargo recayó en el escultor sevillano Antonio Dubé de Luque, quien concibió una imagen de candelero tallada en madera de cedro, de mirada azul y facciones adolescentes, pensada para representar una joven de entre quince y dieciséis años, portadora de un dolor sereno y dulcísimo. La imagen fue solemnemente bendecida el 1 de abril de 1984 en el convento del Buen Pastor, en una ceremonia presidida por el recordado Fray Ricardo de Córdoba, con la Parroquia de la Trinidad y las Madres Filipenses como padrinos espirituales.

Un patrimonio vivo de la Semana Santa cordobesa

Desde entonces, la Virgen del Dulce Nombre ha sido mucho más que una imagen procesional: se ha convertido en símbolo de identidad para toda una generación de cofrades, siendo presencia habitual en los cultos internos y en la estación de penitencia de la Vera Cruz. Su impronta estética, profundamente marcada por la escuela sevillana contemporánea, ha sido objeto de estudio y admiración, destacando por la sutileza expresiva de su rostro y el lirismo contenido de su expresión.

La actual intervención supone una reafirmación del compromiso de la hermandad con su patrimonio artístico y devocional, y constituye un gesto de responsabilidad hacia el futuro. La imagen permanecerá fuera del culto durante el tiempo estrictamente necesario, siendo esta ausencia asumida como una pausa transitoria en su larga historia de presencia entre los fieles.