La ciudad de Baena ha sumado a su acervo religioso y artístico una nueva imagen mariana llamada a ocupar un lugar relevante en la religiosidad contemporánea. Nuestra Señora de la Clemencia en su Mayor Dolor fue bendecida durante el primer fin de semana de la Cuaresma de 2026, en una jornada que la Hermandad promotora inscribe ya entre los hitos de su historia reciente.
Un acontecimiento clave en la vida de la Hermandad
La Hermandad de la Misericordia de Baena vivió este estreno como un momento fundacional, al recibir oficialmente a su nueva titular mariana en la Parroquia de San Bartolomé, en la jornada del sábado 21 de febrero. La bendición culminó un proceso creativo y devocional que había tenido su antesala el día previo, con la presentación pública de la obra en el Oratorio de la Fundación Aguilar y Eslava de Cabra.
La autoría: Salvador Guzmán y la imaginería actual
La imagen es fruto de la creación del imaginero egabrense Salvador Guzmán Moral, quien concibe esta Dolorosa como una síntesis entre tradición barroca y sensibilidad contemporánea. Lejos de limitarse a una recreación historicista, la talla aspira a dialogar con el presente, insertándose con naturalidad en el discurso de la imaginería actual.
Características formales y concepción escultórica
Se trata de una imagen de vestir, tallada en madera de cedro real y realizada a tamaño natural, que responde a los cánones clásicos del barroco, pero incorpora una marcada carga psicológica y un realismo emocional que intensifica su capacidad comunicativa. La cabeza, levemente elevada, establece un gesto de entrega que conduce la mirada hacia el cielo, mientras el rostro queda definido por ojos de cristal soplado y pestañas de pelo natural, elementos que refuerzan la hondura expresiva del conjunto.
El lenguaje del dolor en el rostro
La composición facial se completa con una boca entreabierta, donde los dientes tallados en marfil sugieren un lamento contenido, y con cinco lágrimas de vidrio fundido, dispuestas como alusión simbólica a la quinta angustia de María ante el drama de la Pasión. Cada detalle contribuye a una lectura emocional directa, que interpela al espectador desde la contención y no desde el exceso.
Policromía, manos y referencias artísticas
La intervención pictórica se resuelve mediante policromía al óleo pulimentada con vejiga, técnica que otorga a la piel una apariencia orgánica y vital. Uno de los rasgos más singulares de la obra es la incorporación de dos juegos de manos intercambiables: unas manos oferentes, de tradición granadina, concebidas para la oración mediadora, y otras manos abiertas, de raíz sevillana, que proyectan un dolor más exteriorizado.
Esta dualidad iconográfica se nutre de referencias artísticas claramente identificables, desde la influencia de Antonio Eslava, la elegancia formal heredada de la Caridad de Rota de Juan Manuel Miñarro, hasta la serenidad idealizada de las dolorosas de Bartolomé Esteban Murillo.
Una mirada contemporánea del sufrimiento
Junto a estas raíces clásicas, la imagen incorpora un matiz de modernidad, inspirado en la representación de María en la Pasión cinematográfica de Mel Gibson, interpretada por Maia Morgenstern. Esta referencia aporta una crudeza contenida, que acerca la figura mariana a una experiencia humana reconocible, sin romper la dignidad sacra de la escultura.
Un gesto simbólico y un legado compartido
La obra se completa con una cápsula del tiempo alojada en el interior de la imagen, que custodia ofrendas y peticiones de más de cuarenta hermanos de la cofradía, reforzando el vínculo comunitario entre la talla y sus devotos. A ello se suma el gesto altruista del autor, quien ha decidido limitar el coste de la imagen al valor de los materiales empleados, ofreciendo su trabajo como expresión de compromiso personal con la Hermandad.
Una nueva referencia para Baena y su Semana Santa
Con esta incorporación, Nuestra Señora de la Clemencia en su Mayor Dolor se integra como una pieza de especial relevancia en el patrimonio histórico-artístico de Baena, al tiempo que contribuye a definir una identidad propia dentro de la Semana Santa cordobesa. La imagen nace así no solo como obra de arte, sino como símbolo de fe, consuelo y proyección futura para la devoción local.





