Baeza vive un intenso ciclo de fervor mariano en la Misión Pascual con el traslado de Santa María del Alcázar a San Pablo Apóstol

Un proceso de preparación espiritual hacia la Coronación Canónica

La ciudad de Baeza se encuentra inmersa en un tiempo de especial significación religiosa, marcado por la preparación de la Coronación Canónica y Pontificia de Santa María del Alcázar, en el contexto de la denominada Misión Pascual, desarrollada a lo largo del mes de abril como itinerario de renovación espiritual.

En este marco, durante la tarde del 17 de abril, se produjo el segundo de los traslados programados de la imagen, en el que una numerosa presencia de fieles acompañó a la Patrona de la ciudad en un ambiente de profunda intensidad devocional.

La Parroquia de El Salvador como epicentro de la vida espiritual

Durante siete jornadas, la Parroquia de El Salvador acogió la presencia de la imagen, convirtiéndose en un auténtico centro de referencia espiritual para la feligresía. El templo permaneció abierto de manera ininterrumpida, permitiendo que los devotos se acercaran en cualquier momento del día para elevar sus plegarias, oraciones y ofrendas ante la Virgen.

A lo largo de este periodo se desarrollaron diversas celebraciones de carácter piadoso, entre las que destacó el rezo del Santo Rosario por los difuntos de la comunidad parroquial, así como la celebración de la Eucaristía, en la que participaron activamente cofradías, vecinos, familias de los niños de catequesis y centros educativos, que ofrecieron ofrendas florales como expresión de devoción filial.

Un traslado revestido de solemnidad y arraigo popular

El tránsito procesional hacia la Parroquia de San Pablo Apóstol estuvo marcado por una atmósfera de elevada carga simbólica, en la que se entrelazaron el recogimiento y la expresión pública de la fe. Entre cantos litúrgicos, oraciones y el repique festivo de campanas, la imagen avanzó por las calles del histórico barrio de El Salvador.

El itinerario se vio acompañado por una cuidada ornamentación urbana, con balcones engalanados, mantones de Manila, macetas en las aceras y manifestaciones de afecto popular, que subrayaron el carácter extraordinario de la jornada. De forma significativa, personas enfermas se acercaron al recorrido para dirigir sus oraciones a la imagen y ofrecer flores en señal de súplica y gratitud.

El paso institucional por el Ayuntamiento y la dimensión comunitaria

El Ayuntamiento de Baeza se sumó al clima de solemnidad, disponiendo sus instalaciones con especial esmero con motivo del paso de la Virgen, reconocida como Alcaldesa Perpetua de la ciudad.

En este enclave, representantes del Gobierno municipal realizaron una ofrenda floral, acompañada de una oración colectiva por el conjunto de la población baezana, en un gesto de marcado carácter institucional y simbólico.

La acogida en la Iglesia de la Concepción y la pluralidad eclesial

El recorrido incluyó igualmente la parada en la Iglesia de la Concepción, cuyas puertas se abrieron para saludar el paso de la imagen. En este punto se congregaron diversas realidades eclesiales y comunitarias, entre ellas la comunidad de Carmelitas Descalzos, el Carmelo Seglar, la Cofradía de la Soledad y la Renovación Carismática, que elevaron sus oraciones a la Virgen, concebida como amparo espiritual de los fieles.

Llegada a San Pablo Apóstol y expresión multitudinaria de fe

Con la ciudad envuelta en la luz nocturna, la imagen de Santa María del Alcázar alcanzó la Parroquia de San Pablo Apóstol, donde fue recibida por una amplia multitud congregada a las puertas del templo.

Representantes de cofradías, hermandades y distintos grupos parroquiales participaron en la acogida, que culminó en el interior con una intensa expresión de fervor popular, materializada en aplausos, el canto de la Salve y una oración de bienvenida.

Permanencia en el templo y continuidad de la devoción

Desde la mañana siguiente, la imagen permanece en el altar mayor de San Pablo Apóstol, donde continúa recibiendo la visita constante de los fieles, en un ambiente de recogimiento y veneración sostenida.

Este periodo se configura como una etapa de especial densidad espiritual, llamada a dejar una huella profunda en la memoria devocional de la ciudad, en el marco del proceso preparatorio hacia la Coronación Canónica.