Besamanos extraordinario a la Virgen de las Nieves en el convento de Las Teresas: gratitud jubilar ante una imagen de ilustre raigambre

Este domingo 1 de junio, el histórico Convento de San José del Carmen, conocido popularmente como Las Teresas, ha abierto sus puertas para ofrecer a los fieles una jornada de especial significación espiritual con motivo del 450 aniversario fundacional de la casa. La efeméride ha sido celebrada con una solemne función de acción de gracias a las 09:00 horas, seguida del besamanos extraordinario a la Virgen de las Nieves, que permanecerá expuesta en piadosa veneración hasta las 20:00 horas, en el recogimiento habitual del claustro conventual.

El día ha incluido además el rezo del Santo Rosario a las 13:00 horas, mientras que se ha reservado un horario específico para fotógrafos entre las 14:00 y las 16:00 horas, de manera que el ambiente de oración y contemplación no se vea alterado durante el resto de la jornada.

Una devoción de profundas raíces históricas

La Virgen de las Nieves es uno de los títulos marianos más antiguos y entrañables del calendario sevillano, con profundas conexiones litúrgicas, artísticas y populares. A mediados del siglo XVII, su culto motivó una de las más importantes intervenciones arquitectónicas del barroco sevillano: entre 1662 y 1665, el Cabildo Catedralicio y el canónigo Justino de Neve patrocinaron la renovación del templo de Santa María la Blanca, en el entorno de la antigua Puerta de la Carne, para mayor esplendor del culto a esta advocación. La tradición sostiene que la iglesia conserva en su trazado la planta de una antigua sinagoga, y en su decoración intervino incluso Bartolomé Esteban Murillo, dejando un testimonio indeleble del arte sacro sevillano.

En el marco de aquellas fiestas de consagración, la efervescencia barroca acuñó una letrilla poética —alusiva al privilegio inmaculista de María— que decía: “Del sol, aunque siempre Blanca,
no me ofende del arrebol,
porque me conoce el Sol”.

Evolución de la hermandad

La corporación que rinde culto a la Virgen de las Nieves ya daba muestras de actividad en 1732, adoptando como otras hermandades de gloria el formato de rosario público. No obstante, fue en 1940 cuando se reorganizó formalmente gracias al impulso del entonces rector de Santa María la Blanca, don Santos Bustos Sáez, con motivo del Congreso Mariano Diocesano celebrado ese mismo año.

Durante las décadas siguientes, la hermandad vivió etapas de gran esplendor, especialmente en los años cincuenta, cuando se celebraban veladas festivas en el barrio coincidiendo con los cultos solemnes del mes de agosto. Estos actos fueron trasladados a octubre en 1972 debido a la masiva ausencia estival de los residentes. Posteriormente, la procesión dejó de celebrarse durante dos largos períodos, hasta que en el año 2000 se recuperó con notable entusiasmo tras trece años de silencio procesional. En 2001, como culminación de esta revitalización, la Virgen regresó a la Catedral por primera vez desde 1940, presidiendo el pregón de las Glorias de Sevilla.

Atribución artística

La actual imagen de la Virgen de las Nieves es una escultura atribuida con seguridad a Juan de Astorga, uno de los más reputados imaginemos del siglo XIX. Aunque la talla no está documentada de manera explícita, su estilo, modelado y expresión permiten relacionarla con el maestro sevillano, fallecido en 1849. Se sabe que fue incorporada al culto en 1864, sustituyendo a un antiguo icono mariano, y desde entonces ha sido el rostro devocional de una corporación que, a través de los siglos, ha sabido mantener viva la llama del culto popular a la Madre de Dios bajo esta advocación de nieve celestial.

En esta jornada jubilar, la imagen se ha mostrado soberbiamente exornada, enmarcada por el silencio orante de los muros conventuales y el cariño inalterado de sus fieles. Una cita única, por tanto, no solo para la memoria de la comunidad carmelita, sino también para la historia de la religiosidad sevillana, que sigue escribiéndose en la claridad serena de las devociones más antiguas.