Burladero | Fragancias de pasión

Estimado, amable y fiel lector, cómo huelen las castañas asadas en la Campana durante estas últimas semanas de octubre en las que la suave brisa nocturna anuncia, por fin, el declive del calor.

Es una de las fragancias que te recuerdan un momento, un lugar o incluso un sentimiento, aportando ese matiz de nostalgia y esa sonrisa bobalicona del recuerdo agradecido.

A mí por ejemplo me ocurre con el olor de algunas iglesias, sencillamente inconfundible, un poco añejo pero a la vez suave y penetrante, especialmente cuando se mezcla con el incienso o el humo de las velas recién apagadas.

O las almendras garrapiñadas que te ofrecen en la calle Vida, en pleno barrio de Santa Cruz, durante todo el año y que lleva a la memoria y al alma hasta la Plaza del Salvador de aquellos Domingos de Ramos de la inocencia, cuando los tambores, los globos y los caramelos de aquellos nazarenitos de metro y medio eran los absolutos protagonistas.

Y qué decir de la cera. Ay la cera. ¿Han pasado alguna vez por la Basílica de la Macarena en la semana de pasión? Ese olor debería patentarse como patrimonio de la humanidad. Inhalar ese aroma es retrotraer la retina a la noche deliciosa de plumas blancas, capas de merino y sueños de Esperanza.

Qué importante es el aroma en nuestras hermandades, en el cofrade de a pie, en la Semana Santa que paraliza la ciudad por el clamor popular. No podría ser Cuaresma, ni Domingo de Pasión ni Jueves Santo sin la caricia del azahar, el nardo o la rosa, que llenan de matices los paladares olfativos capillitas.

También ocurre con la gastronomía propia de los días del gozo, como denominara el maestro Antonio Burgos en el atril del Maestranza. No es fácil olvidar el olor de las torrijas, los pestiños, el bacalao, los churros con chocolate, las avellanas o los bocadillos de lomo y filetes empanaos. Recordarlos es cerrar los ojos y transportarse a una tapa en el callejón Rafael Franco o una Casa de Hermandad al final de la Estación de Penitencia.

Y es que siete días dan para muchos aromas, y también para muchos temas que comentar en nuestra atalaya semanal. Amado lector, te deseo buena semana hasta que nos volvamos a encontrar.

Foto: Sevilla secreta