Burladero | ¿Jugamos?

Estimado, amable y fiel lector. Como bien sabe, cada inicio de año empieza con una larga lista de buenas intenciones que se quedan en eso, en un mero deseo guardado en el cajón de los ”mejor, mañana” hasta que vuelva a picar el gusanillo novelero y se repita el proceso.

Una de estas propuestas que jamás se cumplirán es la de practicar deporte, una rutina tan sana como volátil, pero en la imaginación de su Legatus, amado lector, todo cobra un misterioso, sutil y divertido sentido.

Ése es el motivo por el que escribo estas líneas, para contarle la última genialidad que pasa por mi mente, y que en esta ocasión versa sobre las criaturas que dirigen nuestras hermandades.

La figura del hermano mayor se antoja seria, distante e imperturbable pero me pregunto cual Gloria Serra en “Equipo de Investigación”: ¿Qué esconde un hermano mayor? ¿Cuáles son sus pensamientos ocultos? ¿A qué dedica el tiempo libre?

Y ahí entra la guasa. No me diga usted que no sería maravilloso, por ejemplo, ver a un hermano mayod respondiendo a las preguntas del polígrafo o máquina de la verdad.

Perdóneme que me evada pero lo estoy visualizando: Señor… García, vamos a decir, ¿es cierto que los hermanos mayores de la jornada han tenido siempre una magnífica relación? El Señor García ha dicho que sí, y el polígrafo indica… ¡Qué miente! Boooom. Ya tenemos el lío montado. Madre del amor hermoso.

Sería una absoluta delicia para los paladares cofrades con un mínimo de sentido crítico. Más aún con la ohana diplomática y pastelosa que rodea los juegos de poder en las corporaciones penitenciales de nuestra ciudad.

Pero sigamos con este inquietante pasatiempo. ¿Recuerda el programa del Gran Prix? Está muy de moda. Vuelve cada verano a la parrilla de Televisión Española. Pues fíjese que yo imagino a los hermanos mayores jugando a los “Troncos locos” o a la “Patata caliente” mientras responden a disparatadas preguntas de la actualidad cofradiera. Y todo ello separados por equipos el estilo “cofradías de barrio versus cofradías del centro” o “hermandades alegres contra las de negro”. Tendría su punto, ¿cierto?

Y ya, para rematar lo tristemente nunca visto, proponga una versión local de “Tu Cara me suena” con auténticas imitaciones de los artistas y leyendas vivas. Allí sería posible ver a Fernando Fernández Cabezuelo, Hermano Mayor de la Macarena, caracterizado como Georgie Dann y su barbacoa; a José María Tortajada, el mandatario de Vera Cruz, imitando a Joan Manuel Serrat en “Nací en el Mediterráneo”; o Sergio Sopeña, máximo representante de la Esperanza de Triana, imitando a María Dolores Pradera y su recordado “Háblame del mar, marinero”.

Seguramente pensará que he perdido la cabeza, pero ver a los hermanos mayores enfangados en semejantes saraos ayudaría infinitamente a humanizar su persona, aliviar los esfínteres de los propios mandatarios y empatizar con decisiones en ocasiones muy desacertadas, que adoptan en pro de su cofradía. Pasen buena semana y sean muy felices.