Estimado, amable y fiel lector, qué bonito es cantar al amor en esta previa carnavalera del santo más casamentero.
Ya empiezo a notar el poder de la flechita en mis arterias, el bom bom apresurado de los latidos y el burbujeo azucarado en el estómago, aunque tampoco descarto que sean los primeros compases de esa procesión gaseosa que acompaña nuestra Estación de Penitencia cada día del año. Vamos, que todos aflojamos la compuerta, por mucho que usted quiera ahora entonar cantos de sirena.
Escatologías aparte, volvamos a esa dualidad mágica que se ha apoderado de febrerillo el loco: El epílogo del carnaval y el día de los enamorados. Qué barbaridad. Se unen el Alfa y el Omega de las hermandades en Sevilla y parte del extranjero, ¡Ay que ver lo que te quiero!
Y es que son entrañables esas convocatorias de cultos con la palabra amor en letras grandes, pregonando a los cuatro vientos ese cariño inconmensurable que se respira en las casas de hermandad, cuando los abrazos, las sonrisas barquita de la Plaza de España (de un lado a otro de la cara) y los romances de pavía y Cruzcampo Origen bien fría no tienen nada que envidiar a los poemas de Becquer y Antonio Machado. Solo de evocarlo en mi mente se me humedecen las pupilas.
Cómo se quiere todo el mundo el primer día de quinario, en el postre de la Comida de Hermandad, en el reparto de papeletas con la vara y el palermo a buen recaudo o en reencuentro enternecedor del día señalado, con la túnica entallada y la rejilla o el cartón desperdigados en cualquier esquina de la iglesia, junto con la dignidad y la vergüenza perdidas en el baúl de Karina. ¡Qué más da, si aquí estamos otro año presumiendo de todo lo que se puede uno sentir honrado! Eso es lo que importa en este club social mal llamado cofradía.
Y en toda esta atmósfera deliciosamente falsa, es indispensable la máscara, el sainete y la comparsa tan propicias de la Cuaresma en Sevilla… Y parte del extranjero, no lo olvide amado lector.
Ay el antifaz… Qué bien le sentaba al Zorro de Isabel Allende y qué mal lo lucen los pelotas de cirio y conbebencia, siempre disponibles y al acecho para reír la gracia al miembro de junta que se tercie, cualquiera es bueno para lograr su ascenso social a… la verdad es que no lo sé, pero a algún sitio llegarán, digo yo.
En el rito enmascarado, cómo no, es ley suprema salir en todas las fotos, estar en todos los grupos de Whatsapp y enumerar como la tabla del 7 los aciertos de la junta de gobierno para continuar con el desastroso, pero conveniente para el devenir personal, futuro de la corporación de sus amores.
En definitiva, hermano, amigo y querido lector incorruptible frente a este virus malentendido de la pasión según cuatro mamarrachos venidos a más, vivamos nuestra particular Cuaresma con la mente puesta en el que nunca falla, el que nos mira desde arriba. Buena semana y hasta el próximo viernes.





